Un retrato de Elvira

Elvira Mendoza (izq), Yamid Amat y Sonia Osorio.

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Imprevisivos ambos, la enfermedad los tomó siempre por sorpresa. No estaba en sus cálculos. No podían aceptar que un mal recortara su actividad. Se impacientaban tomándola por una intrusa, y cuando al fin la consideraban irremediable -o así se lo decían sus médicos-, no tenían interés alguno en prolongar la vida conviviendo con un mal. Con la prisa de siempre iniciaban sus despedidas. Así lo hizo Elvira con Felipe López y otros amigos. Lúcida, tranquila. "Oye, Felipe, te llamo porque me voy a morir y quiero despedirme de ti ahora que todavía puedo hacerlo".

Elvira tuvo la misma exasperación de mi padre cuando se vio amordazada por una máscara de oxígeno, con tubos en nariz y boca y las venas atormentadas por sueros y drenajes. Su mirada no aceptaba consuelos y promesas de recuperación. "¿Para qué seguir con esto?, parecían decir sus ojos. Yo acabé comprendiéndola. "¿Quieres irte, verdad?", le pregunté. "Vamos a pedirle a Dios que haga lo que tú quieres y no lo que nosotros queremos, que es mantenerte en vida". Asintió con la expresión de que al fin alguien comprendía lo que deseaba.

No fue fácil para nosotros aceptar ese final, a las nueve de la mañana de un lunes. Era nuestra hermana madre. De niños, cuando nos quedamos huérfanos, asumió este papel en su condición de hermana mayor. Compraba los cuadernos que nos hacían falta y nos ayudaba a las tareas escolares. Y de viejos, siguió siendo igual. "Cámbiate esa corbata, no va con esa camisa". "Esa billetera está muy vieja, déjame regalarte otra".

Me quedó un hermoso recuerdo cuando a ella y a nuestras hermanas Soledad y Consuelo las invité a Lisboa. Nos tomamos fotografías a orillas del Tajo y vimos la ciudad extendida al atardecer, lila y azul y punteada de luces, desde el castillo de San Jorge. Oímos en la noche los fados que tanto le gustaban a nuestro padre. Nada nos hacía presagiar un fin muy próximo de ella. En el féretro quedó como le hubiese gustado: peinada, bien maquillada, digna y elegante, con un estupendo traje sastre de color gris. Así la vimos por última vez. 

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