De miel y de hiel

Agosto 31: el presidente Chávez, el presidente Uribe y Piedad Córdoba: ¿ahora sí el canje?. Foto: Efe

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Uribe quedará de nuevo con el piano al hombro y Chávez exculpado del fracaso si el mandatario colombiano no la acepta. Pero, además, le quedará despejado un terreno fértil donde puede trabajar: negociar en Venezuela o en la frontera y hacer el intercambio en Colombia.

Y aunque el vocero de las Farc, Raúl Reyes, se negó a ello hace pocos días en una entrevista al Clarín de Buenos Aires, el 31 de agosto en La Jornada de México dejó la puerta abierta cuando respondió a esta propuesta: "... hay muchísimas posibilidades y ninguna se puede negar". De ser así, las Farc estarían dispuestas a un giro grande: convertirían el tema de la entrega y del despeje de Pradera y Florida en un asunto de trámite al que, sin mayores riesgos, se le podría calcular un mes de duración, pues la negociación se surtiría en Venezuela.

En este panorama también gana Francia, y en especial Sarkosy, quien fue el detonador de esta nueva y promisoria fase. Los franceses lo verán como un presidente activo, comprometido con la liberación de íngrid y cumpliendo sus promesas de campaña.

Gana, además, el profesor Gustavo Moncayo, pues aunque agotado su discurso, hoy nadie le puede negar que fue su marcha desde Sandoná la que reactivó la lucha nacional e internacional por un acuerdo para la liberación de los secuestrados. Ganan los familiares de los secuestrados, que no sólo mantienen viva su causa sino que ésta toma un impulso inusitado. Con Chávez de por medio, el tema no volverá al congelador.

Ganan los secuestrados, porque la lucha por su liberación dejó de ser un asunto interno para pasar a ser una cruzada internacional con un director de orquesta que va a dar la lucha así se deterioren sus relaciones con Uribe. Ya en su pintoresca intervención en Hatogrande, Chávez puso algunas banderillas: no habló de secuestrados sino de personas en manos de las Farc; se refirió a la lucha armada en Colombia como un "conflicto", y le dio a Marulanda, y por ende a las Farc, el calificativo de "actores políticos".

Ganan las Farc, porque recuperaron su papel de actores e interlocutores internacionales que hace mucho habían perdido, y la coyuntura les permite bajarle perfil al costoso tema del asesinato de los diputados.

Por último, ganamos los colombianos porque vuelve a renacer la esperanza de ver a todos los secuestrados libres y la posibilidad de que ésta sea la puerta para la negociación definitiva del conflicto armado.

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