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COMO JEFE DE LAS AUC, Salvatore Mancuso amasó una fortuna que, según cálculos, sobrepasa los 1.000 millones de dólares. Sin embargo, a la hora de pagar las tierras a personas que se vieron obligadas a vendérselas, el comandante hoy desmovilizado lo hizo con cheques sin fondos.
Previa a la venta, en las familias siempre hubo un asesinato, una desaparición o múltiples amenazas. Durante los últimos 15 años esta fue una situación común a muchas familias que, a la hora de cobrar sus cheques firmados por Mancuso, descubrían que en las cuentas no había fondos para hacerlos efectivos.
Uno de eso casos es el de Zoilo Bautista Hoyos y su esposa María Gertrudis Guerra. En septiembre de 1995, le vendieron a Mancuso su finca Nueva Australia de 452 hectáreas en la vereda La Pita, entre Turbo y Necoclí, por 19,8 millones de pesos que el jefe paramilitar les prometió pagar así: un millón en efectivo, nueve millones en cheque y el resto a la firma de la escritura. Sólo recibieron el primer millón. Desistieron de reclamar el resto cuando se enteraron de que el cheque por nueve millones no tenía fondos. "¿Quién se atrevía a decirle algo a ese señor?", se pregunta Gertrudis, de 71 años y quien hoy vive desplazada y deambula por todo el país.
Seis meses antes del negocio, hombres armados llegaron a la finca y les dijeron que tenían que venderla. "Nos negamos", recuerda la mujer, pero sintió temor cuando los desconocidos dijeron en tono amenazante que regresarían a los pocos días.
Así ocurrió. El 10 de julio de 1995, los hombres volvieron a la finca y preguntaron por sus hijos. Buscaron a uno de los mayores, Luis Edilberto, que estaba cortando plátano. Lo amarraron y lo llevaron a una quebrada. Luego fueron por el menor, Never Fray, y lo arrastraron hasta donde estaba su hermano. Fueron fusilados frente a sus padres.