Los cheques chimbos de Mancuso

Para presionar la venta de la finca, los hijos de Gertrudiz Guerra fueron asesinados. Foto: Joana Toro / Cambio

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El miedo

"No tuvimos más opción que enterrarlos en la misma finca, están junto al patio -cuenta Gertrudis-. Ese día lloramos de afán, salimos con lo poco que teníamos y nos desplazamos a Montería, a Turbo, a donde pudimos. Han pasado 12 años y no los hemos podido velar". En la finca había plataneras, coco, maíz, pasto... "La casita era de palma amarga y con techo empajado", dice la mujer con nostalgia.

Cuando los esposos Hoyos llegaron desterrados a Montería en julio de 1995, un hombre llamado Guido Vargas se acercó a Zoilo y le dijo que si le vendía la finca a Mancuso se le acabarían para siempre los problemas. No tuvieron más opción y el 29 de agosto del 95 cerraron el negocio con el jefe paramilitar en la Notaría Primera de la capital cordobesa. 

Luego de firmar la promesa de compraventa, fueron al banco a cobrar el cheque. Como les dijeron que en la cuenta no había fondos, pensaron que Mancuso aún no había consignado  y esperaron. Volvieron al banco dos veces más y nada.  "Encima de que nos matan a los muchachos nos tumban, nos desplazan y nos roban la tranquilidad -dice Gertrudis-. Todos estos años estuvimos con miedo de que nos iban a hacer algo y por eso la familia se desplazó a partes distintas".

Gertrudis, las viudas de sus dos hijos asesinados, 13 huérfanos y 12 hermanos reclaman hoy una reparación efectiva después de 12 años de silencio.  Ella decidió hablar durante la versión libre que inició Mancuso en Medellín en enero de este año. "No lo hice por el dinero -dice-.

Lo hice porque por un pedazo de tierra no les importa cuántos muertos hay". Contó su caso para que Mancuso le respondiera y, en efecto, este reconoció que había pagado con un cheque sin fondos y prometió reparación.  Pero no se volvió a hablar del tema.

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