Corresponsal clandestino

El Brigadier General Hernando Pérez Molina (foto izq), removido comandante de la III División del Ejército.

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EL LUNES 30 DE JULIO, la fiscal que investiga la red de militares al servicio del narcotraficante Diego León Montoya Sánchez, recibió con sorpresa una carta del jefe de seguridad del capo. En cuatro hojas impresas en computadora y con su huella digital estampada en cada una, el mayor (r) del Ejército, Juan Carlos Rodríguez Agudelo, no sólo demuestra que conocía en detalle el expediente, sino que da su propia versión del caso.

Hasta ese día, la funcionaria, investigadores del CTI y agentes de contrainteligencia que apoyan la investigación habían revisado 80 grabaciones de llamadas telefónicas y numerosas fotografías y videos que no dejaban duda de que el prófugo Rodríguez Agudelo estaba detrás del reclutamiento de militares activos y retirados para encargarles misiones tan osadas como el rescate de un hermano del jefe mafioso confinado en la cárcel de Cómbita.

La fiscal ya conocía el perfil del hombre que le enviaba la carta, pues tres semanas atrás había incorporado al expediente una ficha con sus antecedentes judiciales: una condena por tráfico de armas y de estupefacientes y dos órdenes de captura por homicidio y desaparición forzada y por lesiones culposas. Sabía también que Rodríguez se identificaba con el alias de Zeus en sus conversaciones telefónicas y radiales.

En la carta, Zeus le decía que era falso que él hubiera escapado de la detención domiciliaria para ir a trabajar con la mafia y que él no era el promotor del reclutamiento de integrantes y ex integrantes de las Fuerzas Militares. Afirmaba que había huido al enterarse de que su vida estaba en peligro y que su aproximación a varios oficiales activos había sido para colaborarles con información sobre organizaciones criminales tan peligrosas como las de Los Machos y Los Rastrojos -ejércitos privados de la mafia- y sobre grupos emergentes de paramilitares, como las 'águilas negras', a la cual había tenido acceso mientras recorría el departamento del Valle en busca de una oportunidad de trabajo en el campo de la seguridad privada.

No fueron las explicaciones de Rodríguez las que despertaron el interés de la fiscal y los investigadores. Fue la relación que hizo de nombres de oficiales con los que admitía haberse entrevistado. Quizá sin proponérselo, Zeus confirmaba la lista de contactos entregada a la Fiscalía por el capitán (r) Manuel Enrique Pinzón Garzón, quien hasta comienzos de junio había sido la mano derecha de Zeus en la organización clandestina.

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