Tras el portazo de las Farc, Moncayo debe buscar nuevos escenarios para defender su causa.
CUANDO 'RAÚL REYES' insistió en el despeje de Florida y Pradera como condición sine qua non para liberar a los secuestrados, el profesor Gustavo Moncayo sintió que las Farc le habían tirado la puerta en las narices. La misma sensación que le dejó el Presidente cuando le dijo "No" al despeje.
Moncayo hoy ve tan lejana como hace nueve años la liberación de su hijo. Ha sido ingenuo. Creyó que su marcha de 1.130 kilómetros entre Sandoná y Bogotá podía conmover a las partes de las cuales depende el acuerdo humanitario. Olvidó que una y otra, no obstante pequeñas variantes, se han mantenido inflexibles en sus posiciones. En el fondo, a las Farc sólo les interesa el despeje, no los secuestrados, y el Gobierno no quiere el despeje por la lección que dejó la experiencia del Caguán.
Pero no desfallece y mantiene su propósito de vivir en una carpa que pronto le quitará la Alcaldía de Bogotá. El alcalde Luis Garzón le ofreció una casa para que monte su sede por el intercambio humanitario, pero el profesor insiste en que su campamento en la plaza más emblemática del país tiene que seguir. "Ya caminé más de 1.000 kilómetros, total soy también un desplazado -dice-. Aquí no acaba todo y si me toca vivir debajo de una sombrilla lo haré". Y a continuación les pide a las personas que rodean su carpa: "Por favor no me dejen solo".
Lo aplauden indigentes, madres de desaparecidos, curiosos, extranjeros, desempleados... La escena se repite todos los días, pero no puede ocultar su tristeza: teme que su causa no rinda frutos. Todavía hay gente que lo acompaña, pero la presencia de los medios disminuye. "No quieren entender que no estamos negociando mercancía, es mi hijo y los de otras familias desesperadas", dice mientras lava una bandera de Colombia a "ver si se limpian los odios" .
Ha recibido cientos de mensajes. Redactó una propuesta que llamó Zona de convivencia para ver si funciona. "Es otra patada de ahogado -dice Carlos Eduardo Jaramillo, ex asesor de paz-. Ni siquiera los ex presidentes juntos pudieron construir una propuesta que les gustara a las dos partes".
Juan Carlos Lecompte, esposo de Íngrid Betancourt, cree que el esfuerzo de Moncayo no puede quedar en ceros, pero dice que tienen que ser realistas porque la reelección fue para las familias de los secuestrados un mensaje de que no habría acuerdo humanitario. "Las partes endurecerían sus posiciones -afirma-. Estamos condenados".
Por ahora, el profesor tiene una invitación de Francia, Suiza y España y los países del Parlamento Europeo para viajar a Bruselas en septiembre. "No puede limitarse a pelear una estadía en la Plaza de Bolívar -asegura el ex ministro Rafael Pardo-. Debe buscar apoyo para su propósito, buscar nuevos escenarios para seguir su movilización y su campaña porque su idea es valiosa y ha conquistado el corazón popular y, si bien no ha conseguido su objetivo, sí pone a pensar al Gobierno y a las Farc en que hay que hacer algo, aunque no sea en el corto plazo".
Nelson Mandela, Premio Nobel de Paz, lo invitó a Sudáfrica. Una oportunidad más para explicar su causa y para seguir "caminando". Como asegura Jaramillo, "lo más sano es moverse y buscar soluciones reales en un país donde la paz requiere más hechos y menos pañuelos blancos".