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Mangosta le dice a Uribe en su carta que el departamento del Valle sirvió como lugar de encuentro de paramilitares y narcotraficantes con el propósito de encontrar puntos de negociación con la Justicia estadounidense. "Para esto se llevó cabo una reunión en la finca de Chupeta cerca de Tuluá donde asistieron Wílber Varela, Rentería, y un representante de los hermanos Rodríguez Orejuela.
Las denuncias de Mangosta y su interés para que el alto gobierno y las autoridades conocieran las actividades de Chupeta se extendieron hasta un mayor retirado de apellido Rendón, encargado de los departamentos de seguridad de la familia del narcotraficante y quien administraba los pagos a miembros de la Policía en Cali, Cartagena, Bogotá y Medellín.
Según se desprende del contenido de la carta del delator, su información fue utilizada posteriormente por la Dijín para localizar en enero pasado seis caletas con 81 millones de dólares y 1.309 lingotes de oro. El escrito de Mangosta no deja duda de que el propietario de esa fortuna es Chupeta. "Gran parte del dinero recaudado en los envíos de droga y del desmonte gradual de todas las propiedades se han invertido en la compra de euros los cuales han sido enviados a Chupeta por Cúcuta. El resto de dólares está guardado en caletas para asegurar la parte económica de la familia. A cada señora le tiene asignada una caleta".
Y continúa: "En las caletas nuevas se han organizado unos 150 millones de dólares y 50 millones de euros. Las caletas más viejas las maneja Huesitos o Marina. Ella coordina la destapada y entrega a la persona que reempaca los dólares para los nuevos huecos de seguridad y se los entrega a Peláez. Existe una caleta especial que contiene toda la colección de relojes y las prendas más finas que usa Chupeta en orfebrería. Esta la maneja una señora de nombre Vanesa que depende del señor Bettowen".
El informante también habló en detalle sobre otros bienes del capo y el gasto económico que presentaba el funcionamiento de su estructura. En este punto, Mangosta dijo que Chupeta había decidido hacer un desmonte progresivo de todos sus bienes y recortar su personal porque la organización le estaba representando gastos superiores a los 7.000 millones de pesos mensuales. "Entre más lo cercaban las autoridades lo mejor era cerrar el círculo de colaboradores lo más pequeño posible -añade Mangosta en la carta-. Es así como en la actualidad los gastos se redujeron a 3.000 millones mensuales".