Segundas partes....

Juan Fernando Cristo, senador liberal

(Página 1 de 2)

POR JUAN FERNANDO CRISTO
SENADOR LIBERAL

EL PARTIDO LIBERAL se opuso al regreso de la figura de la reelección presidencial por razones institucionales, no personales. Independientemente de la aspiración del presidente Uribe, que impulsó el cambio en su propio beneficio, el Partido consideró que restablecerla le hacía daño a la democracia, cerraba espacios para el  relevo  en la clase dirigente, asfixiaba los partidos  y concentraba en exceso el poder presidencial. Nos opusimos a la reelección presidencial, no a la de Uribe. Montesquieu, inspirador de la teoría de la separación de poderes, afirmó con razón que "es apenas natural que quien ejerce el poder tiende a ensancharlo, hasta el punto de que puede decirse que si el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente".

El tiempo nos dio la razón antes de lo previsto. El primer año de gobierno nos ha demostrado que definitivamente segundas partes nunca han sido buenas y que los gobiernos reelegidos adquieren un carácter autoritario. Se consideran infalibles, descalifican con agresividad a los contradictores y cometen abusos  como los que se vieron este último año con el uso de los recursos del Estado, el seguimiento a la oposición, los señalamientos a quienes no comparten la verdad oficial... En fin, la democracia sufre y se recorta.

Más grave aún es la concentración del poder presidencial. El liberalismo quiso evitarla hacia el futuro con un proyecto de reforma constitucional serio y profundo, basado en el argumento de que la Carta del 91 no se hizo para un gobernante de ocho años sino de cuatro. Por eso, el famoso "articulito" no era suficiente. Es necesario limitar el poder del Ejecutivo en la Justicia para evitar que se apodere de ella, al igual que de los organismos autónomos como la Junta del Banco de la República, la CNTV y los órganos de control. Esto ni siquiera mereció el análisis del Gobierno y sus mayorías, y hoy vemos cómo la Corte Constitucional pierde paulatinamente su esencia democrática y liberal, y la Corte Suprema sufre los embates presidenciales por su independencia. Sólo los incondicionales del Gobierno pueden aspirar a dirigir los órganos de control o ser postulados para las altas cortes. 

Los gobiernos reelegidos se amarran a sus propuestas del primer mandato y por eso vemos a un jefe de Estado que se niega en forma sistemática a facilitar una zona de encuentro para el Acuerdo Humanitario. Los gobernantes reelegidos se aferran al poder y protagonizan episodios tan insensatos como la solicitud del Presidente a sus aliados en el Congreso para que votaran sus proyectos antes de que los metieran a la cárcel. Los gobiernos reelegidos se prestan a la politiquería y a la corrupción, como entregar el Invima a cambio de votos para recortar las transferencias.

En fin, basta mencionar el escándalo de la parapolítica; el fiasco del proceso con los paramilitares; el resurgimiento de estos grupos en más de la mitad del país, según la OEA; las grabaciones ilegales; la captura del ex director del DAS; los insultos presidenciales a periodistas y oposición; el deterioro en las relaciones con Estados Unidos y las crisis recurrentes con Venezuela y Ecuador; el desconocimiento presidencial de las decisiones judiciales; los síntomas de agotamiento de la política de Seguridad Democrática; la persistencia del desempleo; la revaluación que quiebra los exportadores; los negativos indicadores sociales y la crisis humanitaria... La reelección produce serios problemas en la gobernabilidad y afecta el sistema democrático en su conjunto. 

Página 1 de 2 12Siguiente »
Publicidad
Enlaces de texo