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EN LA ÚLTIMA DÉCADA, los Gobiernos y Eln han alimentado expectativas de un acuerdo de paz, pero ni el acompañamiento internacional, ni el de la sociedad civil, ni la disposición de otros países para ser sede de las conversaciones, ni los esfuerzos de la Iglesia, académicos e intelectuales han sido suficientes para que las partes lleguen a algo concreto. A última hora alguna de las partes se levanta de la mesa.
Esa frustración repetida es que las conversaciones que ahora se adelantan en La Habana no hayan despertado mayor interés. No obstante y aunque hoy tampoco hay algo concreto, el comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, y el negociador del Eln, Pablo Beltrán, insisten en que se está construyendo "ambiente para la paz".
¿Cuál es el avance?, se preguntan muchos, entre ellos el ex comisionado de Paz, Camilo Gómez, quien en los últimos tres años del gobierno de Andrés Pastrana estuvo al frente de conversaciones que no llegaron a nada. La pregunta no sólo es pertinente dado el historial de frustraciones, sino porque si se compara el que presentaron las partes la semana pasada sobre el avance de las conversaciones, es evidente su semejanza con el que suscribieron en marzo de 2002 Julio Londoño, Juan Ricardo Ortega, Gustavo Villegas por parte del Gobierno, y Pablo Beltrán, Ramiro Vargas y Óscar Santos por Eln, titulado Acuerdo para la construcción progresiva de la paz.
Entonces, lo mismo que hoy, los temas son: liberar a los secuestrados, terminar los ataques contra la población civil, realizar una tregua bilateral, agrupar efectivos del Eln en territorios determinados, todo con verificación internacional. También ayer como hoy el ambiente parecía propicio. "Todo estaba listo, las partes estaban de acuerdo y a última hora el Eln dijo que no -rememora Gómez-. Recuerdo que Ramiro Vargas llevaba un computador y se le dañó. No sabemos qué pasó pero hasta ahí llegó todo".
Ahora, aunque Gobierno y Eln coinciden en que las cosas pueden salir adelante, ni los garantes del proceso agrupados en la llamada Casa de Paz tienen claro para dónde va. "Hay buena voluntad de las partes, pero llegaron a la discusión de unos puntos neurálgicos: la propia concepción de la negociación, el cese del fuego y de hostilidades, y la desmovilización -dice el politólogo Alejo Vargas, quien desde hace una década ha acompañado los acercamientos como representante de la sociedad civil-. Es más complicado si las partes hablan dos idiomas distintos, pues para el Gobierno lo urgente es el desarme, la desmovilización y la reinserción y para el Eln la posibilidad de introducir reformas y participar en política".