POR MARTHA LUCÍA RAMÍREZ
SENADORA DE LA U
LA INTRODUCCIÓN de la reelección presidencial en del sistema político colombiano es un cambio positivo que va a generar estabilidad institucional en el largo plazo. Sin embargo, aunque parece apresurado hacer una evaluación sobre el resultado que esta medida ha tenido en el presente, hay muchas acciones que son tangibles por este proceso.
Preguntémonos por las posibilidades que tendría un nuevo presidente para poner en acción un plan de gobierno en su primer año, frente a la coyuntura y las necesidades generales que tiene Colombia en el presente. Este es un momento estratégico que necesitaba de continuidad en muchos aspectos y con eso estamos de acuerdo el 70% de los colombianos.
A pesar de las convulsiones propias de un país como Colombia y una coyuntura tan compleja como la que ha tenido que vivir nuestra sociedad en este último año, múltiples hechos son rescatables como inequívocamente positivos en la gestión del presidente Álvaro Uribe en su quinto año de gobierno: aumento en el acceso a vivienda, mayor cobertura en salud y educación, mejoras en los servicios y suministros públicos, mejoras en la capacidad productiva y un indiscutible desarrollo empresarial. Sin embargo, yo destacaría tres que justifican decididamente la figura de la reelección.
Primero: garantiza continuidad en las políticas que son fundamentales para el desarrollo de Colombia, porque fortalece las estructuras institucionales que soportan las iniciativas. Los cortes abruptos de las políticas implican la pérdida de los objetivos de mediano y largo plazo.
Segundo: la estabilidad económica que está viviendo el país. Hemos logrado un importante y destacado desempeño macroeconómico: la economía ha crecido con tasas de 6,8%, han aumentado los espectros comerciales y han mejorado los estándares de calidad de vida y bienestar general -hay 2,3 millones menos de pobres-. La reforma constitucional a las Transferencias no se hubiera podido aprobar con la celeridad requerida para garantizar la viabilidad del esquema fiscal de mediano plazo y no habría coherencia en los programas sociales emprendidos por el Gobierno.
Tercero: la construcción y consolidación de la seguridad en todo el territorio nacional. Independientemente de las cifras que demuestran claramente la capacidad actual del Estado para contrarrestar delitos de alto impacto, sin la reelección no habría sido posible aplicar un impuesto al patrimonio, que permite la modernización de la fuerza pública y el vigor de la misma en la persecución de los grupos armados ilegales y narcotraficantes. La continuidad permite que la política de seguridad democrática sea una política de Estado.
La reelección fortalece una nueva cultura política y el crecimiento de la confianza de los ciudadanos en la institucionalidad, algo muy importante cuando las tareas que enfrentamos en el plano más general son la consolidación de la democracia, las buenas prácticas asociadas a ella y el desarrollo de Colombia.