Agosto 3 de 2007

Corcho en remolino

Tras más de 10 años de frustraciones, el lento avance de las conversaciones entre el Gobierno y el Eln, en La Habana, no llaman al optimismo.

EN LA ÚLTIMA DÉCADA, los Gobiernos y Eln han alimentado expectativas de un acuerdo de paz, pero ni el acompañamiento internacional, ni el de la sociedad civil, ni la disposición de otros países para ser sede de las conversaciones, ni los esfuerzos de la Iglesia, académicos e intelectuales han sido suficientes para que las partes lleguen a algo concreto. A última hora alguna de las partes se levanta de la mesa.

Esa frustración repetida es que las conversaciones que ahora se adelantan en La Habana no hayan despertado mayor interés. No obstante y aunque hoy tampoco hay algo concreto, el comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, y el negociador del Eln, Pablo Beltrán, insisten en que se está construyendo "ambiente para la paz".

¿Cuál es el avance?, se preguntan muchos, entre ellos el ex comisionado de Paz, Camilo Gómez, quien en los últimos tres años del gobierno de Andrés Pastrana estuvo al frente de conversaciones que no llegaron a nada. La pregunta no sólo es pertinente dado el historial de frustraciones, sino porque si se compara el que presentaron las partes la semana pasada sobre el avance de las conversaciones, es evidente su semejanza con el que suscribieron en marzo de 2002 Julio Londoño, Juan Ricardo Ortega, Gustavo Villegas por parte del Gobierno, y Pablo Beltrán, Ramiro Vargas y Óscar Santos por Eln, titulado Acuerdo para la construcción progresiva de la paz.

Entonces, lo mismo que hoy, los temas son: liberar a los secuestrados, terminar los ataques contra la población civil, realizar una tregua bilateral, agrupar efectivos del Eln en territorios determinados, todo con verificación internacional. También ayer como hoy el ambiente parecía propicio. "Todo estaba listo, las partes estaban de acuerdo y a última hora el Eln dijo que no -rememora Gómez-. Recuerdo que Ramiro Vargas llevaba un computador y se le dañó. No sabemos qué pasó pero hasta ahí llegó todo".

Ahora, aunque Gobierno y Eln coinciden en que las cosas pueden salir adelante, ni los garantes del proceso agrupados en la llamada Casa de Paz tienen claro para dónde va. "Hay buena voluntad de las partes, pero llegaron a la discusión de unos puntos neurálgicos: la propia concepción de la negociación, el cese del fuego y de hostilidades, y la desmovilización -dice el politólogo Alejo Vargas, quien desde hace una década ha acompañado los acercamientos como representante de la sociedad civil-. Es más complicado si las partes hablan dos idiomas distintos, pues para el Gobierno lo urgente es el desarme, la desmovilización y la reinserción y para el Eln la posibilidad de introducir reformas y participar en política".

Los discursos no se encuentran y lo grave es que pasan los años y de continuar esa tendencia de negociar y al final pararse de la mesa con las manos vacías, el proceso podría perder credibilidad y con ello el respaldo internacional del que siempre ha gozado. "Si no llegan a nada en esta ocasión es casi seguro que la comunidad internacional lo pensará dos veces antes de volver a apoyarlo", asegura Jaime Jaramillo Panesso, quien fue miembro de la Comisión Facilitadora de Paz de Antioquia durante el gobierno Pastrana.

El país lleva más de una década sin ver resultados concretos porque siempre hay algún episodio que sirve de pretexto para pararse de la mesa. Por ejemplo, en 1998, cuando emisarios del Gobierno y el Eln buscaban dialogar en Río Verde, en San Francisco, Antioquia, ocurrió el atentado contra el oleoducto en Machuca que dejó un saldo de 85 personas muertas.

En 2001, hubo un momento en el que estuvo a punto de concretarse un acuerdo. "Todo estaba casi listo, se había tocado el tema de la financiación de esa guerrila, pedía 40 millones de dólares --cuenta el ex comisionado Gómez-. Pero todo empezó a dañarse porque querían que les entregaran el dinero en efectivo, en pesos, en cajas... Era algo imposible y tampoco se concretó una desmovilización".

Las condiciones imposibles que se han repetido en los tres últimos Gobiernos acaban dando al traste con todo. De eso dan fe los que han pasadado por la oficina del Comisionado de Paz: Carlos Holmes Trujillo, José Noé Ríos, Daniel García-Peña, Víctor G. Ricardo, Camilo Gómez, Gonzalo de Francisco, Ernesto Borda, Sandra Ceballos, Jorge Mario Eastman, Gustavo Villegas... Delegados de la ONU, México, Alemania, Francia, España, Noruega, Suiza, Venezuela y Cuba han apoyado los procesos y facilitado los acercamientos. Pero no se llega a nada.

La desconfianza

Hoy la responsabilidad está en manos de Luis Carlos Restrepo, por el Gobierno, y de Pablo Beltrán por el Eln. Ambos coinciden en un factor: desconfianza. "Es lo que hace que, a última hora, el pan se quema en la puerta del horno", dice Gustavo Villegas, negociador durante el gobierno de Pastrana.

Al fin y al cabo, como dice Beltrán, "Gobierno y Eln tienen diagnósticos y rutas diferentes sobre lo que es el país". No obstante, sostiene que hay que ser positivos porque hoy tenemos una hoja de ruta común y disposición para un cese del fuego y de hostilidades. "Ese es el acuerdo base", precisa.

Por su parte, Darío Mejía, desmovilizado del Epl en 1991 y miembro de la Comisión Negociadora del Gobierno, cree que "hay un miedo muy grande del Eln de que las Farc lo traten como traidor por tomar la determinación de desmovilizarse". Y agrega, además, que " el Eln quiere seguirle jugando a una salida armada". El Gobierno conoce un documento de esa guerrilla suscrito el año pasado, conocido por CAMBIO, en el que plantean combinar las formas de lucha que "debe incluir los mejores esfuerzos de la izquierda, revolucionarios, demócratas y patriotas para avanzar hacia la unidad insurgente".

El Gobierno le teme a esta vocación de organización clandestina. Por eso el Eln se niega a concentrarse. "Está dispuesto al cese del fuego pero sin ubicación -dice Mejía-. No van a concentrar a su gente y no van a dar un salto hacia la desmovilización". Si es así, ¿por qué seguir alimentado una expectativa falsa?

Beltrán sostiene que hay que ser realistas y que por eso propuso un referendo para que Colombia decida cuál debe ser la salida. "Demos un salto para abarcar todo el tronco del problema, no nos colguemos solo de una ramita -dice-. Tenemos dos lecturas distintas sobre la paz y entonces falta todavía un debate muy largo para dar. Esto es como cualquier noviazgo: si usted quiere y no lo quieren, pues no hay nada".

Gobierno y Eln admiten que un proceso de paz no se hará en el corto plazo. Avanzan, por ahora, en "una salida humanitaria": que esa guerrilla libere a cerca de 400 secuestrados y el Gobierno a los rebeldes presos. No hay entonces espacio para grandes expectativas ni para resultados en el corto plazo. El proceso vive momentos difíciles porque ha llegado a su momento de maduración decisivo -sostiene Moritz Akerman, del equipo de garantes de la sociedad civil-. Se está dando por hecho que no hay nada. Pero eso no quiere decir que no hay caminos", dice.

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