A diez años de la creación del Ministerio de Cultura, aunque ha habido logros, todavía quedan muchas cosas pendientes por resolver.
EL 7 DE AGOSTO DE 1997 fue firmada en el Congreso la Ley 397, llamada Ley General de Cultura, que en su artículo 62 daba nacimiento al Ministerio de Cultura. No llegó allí sin polémica y se convirtió en el caballito de batalla del gobierno de Ernesto Samper quien hablaba del Ministerio como la herramienta para "conseguir la paz de Colombia". No menos de tres años de discusiones, editoriales, cartas de personalidades del mundo de la cultura como Gabriel García Márquez o Rafael Puyana rechazando enfáticamente su creación alegando que institucionalizar la cultura era una contradicción en términos, fueron el escenario de su nacimiento. Incluso los senadores Claudia Blum, Enrique Gómez Hurtado, Luis Guillermo Giraldo y Rodrigo Villalba dijeron que la declararían inexequible porque su aprobación violaba los trámites reglamentarios. En fin, Mincultura empezó con zancadillas que nunca podrían resolverse del todo.
Las palabras del entonces columnista Enrique Santos Calderón, contradictor desde que se expuso la idea por primera vez al inicio del gobierno Samper, escritas en El Tiempo el 22 de septiembre de 1994, resultarían proféticas años después de leídas: "La cultura por decreto nunca ha operado -decía en ese entonces- Seríamos, en fin, un país muy extraño si demostrara que inventar un nuevo ente burocrático es la única forma de garantizar que las entidades culturales finalmente funcionen; que la juventud acceda a la educación; que la política cultural se descentralice; que los grupos de teatro no tengan que mendigar; que los parques arqueológicos salgan de la ruina; el patrimonio cultural deje de ser saqueado, etc".
El temor de ese entonces era que se oficializara la cultura. Que empezaran a desfilar artistas con el discurso de la colombianidad bajo el brazo y que se volvieran políticamente correctos, cuando en realidad deberían ser contradictores por naturaleza. A pesar de que no pudo evitarse y aún hay quienes reclaman que el sombrero vueltiao sea declarado patrimonio nacional, no ha sido tan descarado como se lo temían los contradictores. No obstante, los conocedores dicen que el Ministerio es el ejemplo típico de una institución pobre, con una agenda amplísima, encargada de responsabilidades enormes y con pocos instrumentos a su alcance, ya sean presupuestarios o legales. Un caso concreto de su poca capacidad de acción tiene que ver con los temas de patrimonio ya sea material, oral e intangible o sumergido.
Lo que se palpa
En el caso del material, la gran cantidad de declaratorias de patrimonio originadas en el Congreso, por medio de las cuales se busca proteger una construcción aquí o un museo allá, sin que estén los recursos del caso, resulta siendo un problema. Por ello, más de uno se pregunta cuál es el poder de injerencia del Ministerio, porque no tiene con qué y no puede obligar a nadie a que cuide lo que tiene que cuidar. Su función se limita a recomendar y asesorar sin tener poder sancionatorio. Así, aquel que se niegue a mantener la fachada de una casa declarada como bien de interés cultural, alegando falta de recursos, bien puede dejarla caer y venderla para que allí se haga un parqueadero o un edificio.
Otro caso es el de la riqueza arqueológica, perdida en colecciones privadas dentro y fuera del país. "Hasta el año 2000, Colombia fue un país de comerciantes de patrimonio arqueológico", dice el abogado Gonzalo Castellanos, quien redactó las Leyes del ramo. Por ello, en 2002, el Ministerio de Cultura expidió el decreto 833 por medio del cual ninguna entidad pública, ni privada, puede adquirir objetos patrimoniales y se define el patrimonio como una propiedad de la nación, inembargable, inalienable e imprescriptible, para protegerlo contra terceros e impidiendo que pueda venderse, ser utilizado como prenda de pago, ni cambio de ningún tipo en ningún momento. Aunque la medida ha servido para recuperar numerosos objetos patrimoniales gracias a las diversas campañas que se han realizado, a los folletos y talleres dictados por el Instituto Colombiano de Antropología e Historia, Icanh, y la acción de las diversas entidades -Procuraduría, DIAN, Policía y Auditoría General-, para algunos expertos todavía está saliendo mucho del territorio nacional y deben encontrarse estrategias distintas a la sanción para evitar su fuga. "A mayor prohibición, mayor sofisticación en las técnicas para sacar el patrimonio", explica Margarita Reyes, coordinadora de patrimonio del Ministerio de Cultura.
Uno de los ejemplos más recurrentes es la exportación de cargamentos de réplicas precolombinas, que salen del país con el rótulo de artesanía y en donde algunos traficantes están colando piezas originales que pasan por una copia, y cuyas diferencias son difícilmente reconocibles. También está el caso de los híbridos, que son copias con fragmentos de originales. "El mercado nacional e internacional está lleno de tiestos recién envejecidos", dice Reyes. Ante esto, como la intención de Mincultura es recuperar el patrimonio que ha salido del país, se presenta el dilema de hasta qué punto vale la pena esforzarse tanto en la repatriación de objetos patrimoniales -que cuesta millones-, si algunas veces resultan siendo falsificaciones, o, sí son originales, por ser producto de guaquería, carecen de contexto y se convierten en elementos contemplativos. Para realizar esta clasificación se requieren, además, cuantiosos recursos en investigación, que no posee el Ministerio.
En ese sentido, para Clara Isabel Botero, directora del Museo del Oro, aunque la gestión de Mincultura está bien encaminada, es necesario analizar la posibilidad de que instituciones públicas como el Banco de la República puedan readquirir objetos arqueológicos en riesgo de pérdida para el patrimonio arqueológico y para la sociedad colombianos, "porque son objetos que, a pesar de la legislación que prohíbe su comercio, siguen saliendo del país y alimentando colecciones privadas por fuera". Para ella, casos especiales como un hallazgo ocasional de, por ejemplo, un campesino arando su tierra o el de coleccionistas de piezas que han protegido una colección por años, deberían poder salvaguardarse en una institución cuya misión es preservar, investigar y difundir el patrimonio. Porque, aunque la gente debe entregar los precolombinos al Icanh o registrarse como tenedor, la realidad de los hechos es que la gente no lo está haciendo lo suficiente, y en esos casos, prefiere venderlos por temor a que se los vayan a incautar. "Justamente el Museo del Oro se creó en 1939, para que no siguieran saliendo del país sus objetos patrimoniales", termina Botero.
Lo que no se puede tocar
Y si esto es en el campo del patrimonio material, es decir el palpable, más difícil está la cosa por el lado de lo inmaterial, como las costumbres de los pueblos. "Me parece que el patrimonio oral e inmaterial está huérfano -dice la antropóloga María Victoria Uribe, ex directora del Icanh-, no tiene doliente, se lo han peloteado entre dirección de Patrimonio, el Icanh, la dirección de Fomento, y a fin de cuentas nadie se está responsabilizando de éste". Para ella, como para otros investigadores, esto representa un peligro ya que, desprotegidas, las tradiciones pueden perder el rumbo y tender a comercializarse o a ceder su administración a privados, cuando quien debería responsabilizarse de su protección es el Estado y las mismas comunidades si tuvieran claro que pueden beneficiarse del patrimonio sin explotarlo. "Hay que ser realistas -reitera Uribe- con el presupuesto risible del Ministerio es imposible mantener el patrimonio, pero debería llegarse a un punto medio en donde se involucre a la comunidad en la administración del bien, porque si no, termina excluida y la tradición corre el riesgo de desaparecer".
El mismo Gonzalo Castellanos lo advierte. "Falta del todo diseñar un sistema de protección a la propiedad de conocimientos tradicionales y colectivos de las diferentes comunidades". Eso significa que si cualquier persona hoy quiere patentar el concepto de la confección de las molas, puede hacerlo y la comunidad que tradicionalmente las ha venido haciendo no se beneficiará de ello.
Al fondo del mar
Y el patrimonio sumergido sigue siendo un dolor de cabeza sin regular. Los múltiples choques de los privados que quieren quedarse con una buena tajada y la propiedad de lo que encuentren en el fondo del mar, enfrentados a una ley que dice que cualquier cosa encontrada en aguas territoriales es propiedad de la nación, ha hecho infinito el debate. Porque no hay recursos para la explotación, algo que los empresarios privados ofrecen, pero a cambio de quedarse con él. Entretanto, la explotación ilícita continúa y no hay mucho que hacer para frenarla. "La solución es vincular de alguna manera a los privados -propone Castellanos- no para que se adueñen del patrimonio sumergido, pero sí podría hacerse una cesión de derechos de reproducción audiovisuales o crear las posibilidades para que puedan hacer un museo y exhibir las piezas, en fin soluciones intermedias hay, solo basta voluntad política".
Por eso, tal como concluye Margarita Reyes, se están empezando a ver críticamente y después de 10 años, las implicaciones de lo que ha significado nombrar un sitio patrimonio. Explica que al meterse en la carrera de las nominaciones, sin tener muy claras las percepciones de las comunidades, y a falta de un trabajo continuo muy puntual y directo con éstas, se crearon muchas expectativas imposibles de colmar, porque no llegan millones como suele pensarse, lo que ha generado mal manejo en los patrimonios. "Es una guerra desigual -dice-, en la medida que estas cadenas de tráfico se mueven como pulpos a nivel nacional e internacional, y tentan a la gente con ofrecimientos de dinero que no les podemos ofrecer, y que, además, les tenemos que hacer caer en cuenta que lcon o que pretenden negociar es justamente con su pasado". Ella sabe lo difícil de la tarea y que antes que cualquier cambio de mentalidad suceda, deben dársele alternativas a la gente. Por eso, una solución es que los planes de manejo del patrimonio que está diseñando el Ministerio, sean tenidos en cuenta dentro de los planes de ordenamiento territorial, no como una obligación del Estado sino compartido con las autoridades locales y nacionales. De nuevo, nada puede hacer el Ministerio, si otros no deciden hacerlo por él.
OTROS GALLOS
Cine
Es innegable que hoy en día hablar de cine hecho en Colombia, cada día es menos extraño y menos extraño aún, ir a verlo a las salas de cine comerciales. De1997 a la situación actual, el cine ha crecido notoriamente en calidad y en cantidad y hoy Colombia es el cuarto país productor de cine en América Latina. En efecto, la red de salas de cine se ha multiplicado y hoy en día se ofrecen servicios de producción, generando empleo y dinamizando una incipiente industria. De dos películas al año, hoy se producen 12 y cada día la empresa privada, principalmente las cadenas de televisión, patrocinan las realizaciones garantizando promoción por medio de sus canales. El presente pinta bien, sin embargo, para Augusto Bernal, cinéfilo y director de la escuela de cine Black María, "estamos ensillando las mulas antes de tenerlas, muchas de las producciones actuales son, más que cualquier otra cosa, un regocijo mediático, que a pesar de tocar temas complejos no están profundizando en las heridas. Hay que ser críticos y parar de hablar de un boom, porque no hay tal y si seguimos diciéndolo lo que vamos a hacer es boom".
Para él, es notoria la ausencia de formación de públicos por la falta de investigación, publicaciones y acceso al cine de otros países ("si bien hay que combatir la piratería, no puede decirse que una reunión de 15 personas viendo una película extranjera es patrocinio a la piratería, debe haber una especie de zona de distensión para que se forme la cultura subterránea que alimenta a los creadores"). Aunque se han multiplicado las escuelas de cine -existen alrededor de 30- y el perfeccionamiento técnico está subiendo de nivel -en las películas de Andi Baiz y Simón Brand es notorio- todavía hay poca exploración en campos que no sean comerciales, y donde podrá surgir un verdadero cine de autor. "El Ministerio apoya un tipo de proyectos que le genere estadísticas y a eso le están jugando los realizadores. Estamos haciendo televisión en cine y nos están acostumbrando al mismo corrientazo", dice Bernal.
Un error que considera fatal fue haber privilegiado el terreno de la ficción sobre el documental, frenando un género que venía en crecimiento y cuyo fin no es otro que mostrar y respirar lo que es el país. "Hoy, diez años después, se dieron cuenta del vacío que estaba quedando y por eso volvieron a mirarlo y están empezando a apoyarlo de nuevo", explica. Considera también que el cortometraje está siguiendo los pasos equivocados. "El cortometraje -que en todo el mundo es un paso necesario y fundamental, es una buena forma de escalonarse- se ha convertido en el género con el cual se cumple el afán burocrático por cubrir las cuotas, justificando que se está formando público", concluye.
Bibliotecas sin cabeza
El Plan de Bibliotecas ha sido eficientemente manejado y ha logrado dotar casi 700 bibliotecas. A pesar de ello, sigue habiendo un bajísimo promedio de lectura: 2.4 libros al año. Y la Biblioteca Nacional, como cabeza del Sistema Nacional de Bibliotecas, está rezagada a pesar de que en 1997 se dijo que tendría un plan de 30 a 40 años, con el fin de establecer su crecimiento físico y de colecciones. "La biblioteca es hoy, y lo será con más fuerza, la cabeza del Sistema Nacional de Bibliotecas de Colombia", se lee en los documentos de 1997. Sin embargo la realidad es otra. Mientras en 1985 las bibliotecas empezaron a buscar la forma de sistematizar su catálogo, en 1987 la Luis Ángel Arango decidió comprar Notis, que era el sistema más avanzado disponible. En 1989, ofreció gratuitamente a la Biblioteca Nacional el uso del sistema para que hiciera la catalogación. Pero la Biblioteca Nacional no lo aceptó alegando que necesitaba un sistema propio. Universidades como los Andes, la Tadeo y otras sí lo hicieron y se pegaron gratuitamente de la Luis Ángel Arango. Allí comenzó un rezago, que aún hoy no se ha podido remediar. Lo mismo sucedió con la colección de periódicos. Por rechazar la oferta, también de la Luis Ángel, de microfilmar toda la prensa del siglo XIX de ambas instituciones, quedando con un positivo de consulta en la Nacional y el máster en la otra, hoy la Biblioteca Nacional cuenta con 1500 rollos de microfilm, mientras que la Luis Ángel Arango posee 7000. Cifra igualmente dramática en la adquisición de libros: En una década la Luis Ángel compró 400.000 títulos, mientras la Nacional adquirió menos de 10.000.
Música nacional
Según la opinión del investigador musical Egberto Bermúdez, el Ministerio ha perdido figuración en el campo musical. Para él, El Instituto Colombiano de Cultura, Colcultura, con todo y sus defectos, dejó un legado mayor que el Ministerio de Cultura: "Podemos consultar las colecciones bibliográficas, creó el Centro de Documentación Musical, se hicieron, en coedición con Procultura, los 14 tomos de la antología musical tradicional colombiana y le dio continuidad a proyectos que venían de décadas pasadas como festivales de música popular, es decir, hubo un aporte real, así como una conexión en la investigación y las prácticas musicales". Según su opinión, el programa Plan Nacional de música para la convivencia, no es más que retórica. "La música puede incorporarse fácilmente a cualquier agenda. Por ejemplo en la Guerra de Secesión, en Estados Unidos, los dos bandos usaban como himno la misma canción con diferente letra, eso ilustra como la música puede ser manipulada dependiendo la óptica con la cual se le mire. La música sólo se valida dentro de su misma tradición, con sus propias reglas y parámetros, desde la misma actividad musical de un país y la apropiación que la gente hace de ella".
Artes plásticas
Para Beatriz González, pintora, historiadora y curadora, la tarea que está cumpliendo el Ministerio de Cultura en artes es insuficiente y no ha cumplido con las promesas planteadas cuando fue creado en 1997. "Aún no contamos con seguridad social que fue una de las banderas para promover el Ministerio", dice. Pero reconoce que lo que mejor ha logrado es el programa de becas y estímulos, gracias a los cuales muchos artistas e investigadores han podido desarrollar sus proyectos. Considera importante que se haya conservado a lo largo de esta década una tradición tan importante como el Salón Nacional de Artistas -a pesar del boicot que intentó hacerse, desmontándolo y reconfigurándolo bajo el rótulo de Proyecto Pentágono, que no logró mantenerse-, que fue creado hace 67 años. Sin embargo, siente que cada día es más difícil responder a su función inicial que es mostrar el país desde las artes. "Aunque el SNA sobrevive, es algo esquizofrénico -explica- porque la intención de representación del país, ahora realizada a partir de curadurías regionales, impide que el país esté representado. De haber sido un espacio abierto por años, hoy día, es por invitación de los curadores, lo que termina excluyendo a muchos artistas".
El SNA, al ser de los pocos espacios en donde se puede mostrar el trabajo de un artista, esto resulta siendo un inconveniente. "Aún nos deben a los artistas espacios dignos donde mostrar nuestra obra. Es impostergable la ampliación del Museo Nacional y sería fundamental ayudar a los museos regionales para que puedan cumplir con esta tarea", continúa.
Y, finalmente, el problema irresuelto de volver relevante en la agenda nacional el tema de la educación artística. "El Ministerio de cultura debería recibir los frutos de una buena educación artística impartida por el Ministerio de Educación", dice González. Sin embargo, como lo previene Clarisa Ruiz, de la Dirección de Artes del Ministerio, "todavía la educación artística está enfocada en el empleo del tiempo libre, y es mucho más que eso, se aprende a hacer producción de sentido en todos los campos gracias al arte y la cultura. Pero por ahora, estamos haciendo asistencialismo para pasar el tiempo libre. Todavía es difícil que vean que la producción de referentes nos une y eso es, finalmente, lo que hacen los artistas, son generadores de contenido".
Retos todos, que vale la pena tener en cuenta para hacer un balance más realista de los diez años de existencia de este ministerio.
LO QUE SE PROMETIÓ Y NO FUE
- Ampliación del Museo Nacional
- Seguridad social para los artistas
- Ley de mecenazgo, para incentivar la inversión privada en la cultura
- Realizar y renovar un catálogo de los libros básicos con acceso para los colombianos, de tal modo que esté en todas las bibliotecas de Colombia.
- El ministerio no ha logrado generar un mecanismo de concertación eficaz con departamentos y municipios, de manera que el gasto cultural es en muchos casos redundante, se orienta a cosas totalmente descoordinadas o a la realización de fiestas bajo el nombre de eventos culturales. La política cultura de los departamentos y municipios no tiene ninguna influencia del Ministerio.
LOS MINISTROS
- Ramiro Eduardo Osorio Fonseca, período 7/Ago/97 al 13/Ago/98
- Alberto Casas Santamaría, período 14/Ago/98 al 19/Ago/99
- Juan Luis Mejía Arango, período 20/Ago/99 al 11/Jul/00
- Consuelo Araújo Noguera, período 18/Jul/00 al 11/Mar/01
- Araceli Morales López, período 12/Mar/01 al 06/Ago/02
- Maria Consuelo Araújo Castro, período 07/Ago/02 al 23/Ene/06
- Elvira Cuervo de Jaramillo, período 24/Ene/06 al 31/May/07
- Paula Marcela Moreno Zapata, período 01/Jun/07 actual
LOGROS
Sin duda hay resultados y muchas estadísticas: El Plan Nacional de Música para la Convivencia -PNMC- ha formado a 1.310 directores y docentes de 828 municipios del país, beneficiando a cerca de 50.000 niños y jóvenes de todas las regiones de Colombia y ha dotado 350 Escuelas de Música; La Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, desde su nueva administración en diciembre de 2003, ha ofrecido 408 conciertos en 65 ciudades de 22 departamentos y 3 conciertos más en el exterior; El Programa Nacional de concertación, que busca recuperar la memoria de las comunidades, pueblos indígenas y afrocolombianos, entregó recursos por un valor cercano a los 36 mil millones de pesos que se repartieron a 2.440 iniciativas; El Programa Nacional de Estímulos, por medio de becas, pasantías, premios nacionales y residencias dentro y fuera de Colombia, a los artistas, investigadores, gestores e instituciones culturales del país, entregó en los últimos cuatro años recursos por 4.928 millones de pesos; La restauración de la Iglesia de Santo Domingo en Cartagena, que tuvo un monto de 3.000 millones de pesos ganó el premio en la categoría "Intervención del Patrimonio" en la Bienal de Arquitectura de 2006; y, en 2003 y 2005 respectivamente tanto el Carnaval de Barranquilla como San Basilio de Palenque fueron declarados por la Unesco como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.
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