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Ese es un campanazo de alerta que merece ser escuchado con cuidado. Si en materia económica el gobierno puede exhibir las tasas de crecimiento más altas desde finales de la década de los 70, en lo político no ocurre lo mismo. Para comenzar, otros sondeos muestran un creciente desprestigio del Congreso y otras instituciones, así como un rechazo cada vez más contundente a la estela de sangre y barbarie que dejaron las autodefensas. De tal manera, propuestas como la de excarcelación de combatientes y la posible liberación de los parlamentarios presos fueron abandonadas en su momento debido al rechazo cerrado de la opinión. Y en una nota más actual, tampoco son alentadores los mensajes que ha recibido la Casa de Nariño en su página de Internet, en reacción a la propuesta de darle calificación política a algunos de los crímenes de los paramilitares.
En otras áreas, es evidente que Álvaro Uribe ya no tiene el mismo margen de maniobra de antes. Quizás en ningún campo eso es tan evidente como en el internacional, en donde el mandatario ha sido sometido a un trato humillante por la mayoría demócrata en el Congreso de los Estados Unidos. En el ámbito político, también ha sido frustrante la difícil relación con senadores y representantes, pertenecientes por una amplia mayoría a la coalición uribista. Pero en este como en otros temas, el Jefe del Estado ha vivido en carne propia ese refrán que afirma que no hay cuña que más apriete que la del mismo palo.
¿Seguirá la fortaleza de Álvaro Uribe ahora que comienza su sexto año en el llamado solio de Bolívar? La respuesta dependerá de dos factores. El primero es su capacidad de iniciativa y de pasar a la ofensiva en términos de propuestas constructivas. Durante buena parte del año la impresión entre los analistas fue que Uribe había perdido algunas de las cualidades de su primer mandato, pero episodios como el de Moncayo demuestran que todavía es capaz de sacar ases debajo de la manga. El segundo elemento es el tema de paramilitares y parapolítica, en el cual son evidentes las grietas frente a la opinión que a veces no ve que las cosas tengan la claridad y transparencia adecuadas.
Pero esas luces amarillas no permiten afirmar que Uribe esté disminuido ni que haya perdido su poder de convocatoria. A pesar del desgaste lógico del poder, el presidente de los colombianos sigue gobernando con la misma intensidad de siempre, preocupándose por los mínimos detalles de la administración y convenciendo a la opinión de que sigue teniendo la sartén por el mango.
Lea la opinión de los senadores Juan Fernando Cristo y Martha Lucía Ramírez sobre el balance de la reelección.