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Aunque en Atlántico se registró una tendencia a la baja en el número de homicidios en los primeros siete meses del año, en comparación con el mismo periodo de 2006, -pasaron de 342 a 312 y en Barranquilla de 220 a 207-, la percepción ciudadana es que el peligro es mayor que hace un año porque los delincuentes han actuado con mucha crueldad para causar mayor impacto.
El ambiente de angustia e impotencia se siente en las calles. La gente está atemorizada por los cuerpos encontrados con signos de tortura y descuartizados, producto de la sevicia con la que han actuado los delincuentes. El miedo es general y las autoridades están en alerta roja pues temen que el departamento se convierta de nuevo en campo de venganzas como las que vivió cuando el cartel de la Costa, al mando de Alberto Orlande Gamboa, El Caracol, resolvía sus diferencias con sierra eléctrica. "Las autoridades también tienen culpa de esta situación -dice Máximo Noriega, concejal de Barranquilla-. Ellos han contribuido con un silencio cómplice al no disponer de todo el aparato policivo e investigativo para combatir el fenómeno del paramilitarismo".
El pasado jueves el Alcalde de Barranquilla, Guillermo Hoenigsberg, reaccionó, declaró el estado de emergencia y anunció inversiones por 5.000 millones de pesos para reforzar a la Policía con mejores herramientas y más hombres para frenar el baño de sangre. En próximas semanas entrarán también a operar unos escuadrones de persecución integrados por miembros del Ejército, la Policía y la Armada para desmantelar, capturar y judicializar a las nuevas bandas de criminales.
La ciudad de Barranquilla y los principales municipios del departamento de Atlántico han visto resurgir la industria del sicariato. El paramilitarismo, no cabe duda, sigue vivo y coleando.
EN SANTA MARTA
Si Barranquilla se ha visto sacudida por una reciente ola de violencia, Santa Marta no se queda atrás. El pasado lunes un escuadrón armado entró a un estadero entre las urbanizaciones El Parque y Santa Cruz, en el sur de la ciudad, asesinó a cinco personas y dejó heridas a otras cuatro. Varios hombres dispararon en repetidas ocasiones contra un grupo de amigos entre los cuales figuraba un desmovilizado paramilitar del bloque norte. La masacre se suma a otros crímenes contra desmovilizados en las últimas semanas en la capital de Magdalena, detrás de los cuales también estarían narcotraficantes y ex paramilitares.