(Página 3 de 5)
Por eso, tal como concluye Margarita Reyes, se están empezando a ver críticamente y después de 10 años, las implicaciones de lo que ha significado nombrar un sitio patrimonio. Explica que al meterse en la carrera de las nominaciones, sin tener muy claras las percepciones de las comunidades, y a falta de un trabajo continuo muy puntual y directo con éstas, se crearon muchas expectativas imposibles de colmar, porque no llegan millones como suele pensarse, lo que ha generado mal manejo en los patrimonios. "Es una guerra desigual -dice-, en la medida que estas cadenas de tráfico se mueven como pulpos a nivel nacional e internacional, y tentan a la gente con ofrecimientos de dinero que no les podemos ofrecer, y que, además, les tenemos que hacer caer en cuenta que lcon o que pretenden negociar es justamente con su pasado". Ella sabe lo difícil de la tarea y que antes que cualquier cambio de mentalidad suceda, deben dársele alternativas a la gente. Por eso, una solución es que los planes de manejo del patrimonio que está diseñando el Ministerio, sean tenidos en cuenta dentro de los planes de ordenamiento territorial, no como una obligación del Estado sino compartido con las autoridades locales y nacionales. De nuevo, nada puede hacer el Ministerio, si otros no deciden hacerlo por él.
OTROS GALLOS
Cine
Es innegable que hoy en día hablar de cine hecho en Colombia, cada día es menos extraño y menos extraño aún, ir a verlo a las salas de cine comerciales. De1997 a la situación actual, el cine ha crecido notoriamente en calidad y en cantidad y hoy Colombia es el cuarto país productor de cine en América Latina. En efecto, la red de salas de cine se ha multiplicado y hoy en día se ofrecen servicios de producción, generando empleo y dinamizando una incipiente industria. De dos películas al año, hoy se producen 12 y cada día la empresa privada, principalmente las cadenas de televisión, patrocinan las realizaciones garantizando promoción por medio de sus canales. El presente pinta bien, sin embargo, para Augusto Bernal, cinéfilo y director de la escuela de cine Black María, "estamos ensillando las mulas antes de tenerlas, muchas de las producciones actuales son, más que cualquier otra cosa, un regocijo mediático, que a pesar de tocar temas complejos no están profundizando en las heridas. Hay que ser críticos y parar de hablar de un boom, porque no hay tal y si seguimos diciéndolo lo que vamos a hacer es boom".
Para él, es notoria la ausencia de formación de públicos por la falta de investigación, publicaciones y acceso al cine de otros países ("si bien hay que combatir la piratería, no puede decirse que una reunión de 15 personas viendo una película extranjera es patrocinio a la piratería, debe haber una especie de zona de distensión para que se forme la cultura subterránea que alimenta a los creadores"). Aunque se han multiplicado las escuelas de cine -existen alrededor de 30- y el perfeccionamiento técnico está subiendo de nivel -en las películas de Andi Baiz y Simón Brand es notorio- todavía hay poca exploración en campos que no sean comerciales, y donde podrá surgir un verdadero cine de autor. "El Ministerio apoya un tipo de proyectos que le genere estadísticas y a eso le están jugando los realizadores. Estamos haciendo televisión en cine y nos están acostumbrando al mismo corrientazo", dice Bernal.
Un error que considera fatal fue haber privilegiado el terreno de la ficción sobre el documental, frenando un género que venía en crecimiento y cuyo fin no es otro que mostrar y respirar lo que es el país. "Hoy, diez años después, se dieron cuenta del vacío que estaba quedando y por eso volvieron a mirarlo y están empezando a apoyarlo de nuevo", explica. Considera también que el cortometraje está siguiendo los pasos equivocados. "El cortometraje -que en todo el mundo es un paso necesario y fundamental, es una buena forma de escalonarse- se ha convertido en el género con el cual se cumple el afán burocrático por cubrir las cuotas, justificando que se está formando público", concluye.
Bibliotecas sin cabeza
El Plan de Bibliotecas ha sido eficientemente manejado y ha logrado dotar casi 700 bibliotecas. A pesar de ello, sigue habiendo un bajísimo promedio de lectura: 2.4 libros al año. Y la Biblioteca Nacional, como cabeza del Sistema Nacional de Bibliotecas, está rezagada a pesar de que en 1997 se dijo que tendría un plan de 30 a 40 años, con el fin de establecer su crecimiento físico y de colecciones. "La biblioteca es hoy, y lo será con más fuerza, la cabeza del Sistema Nacional de Bibliotecas de Colombia", se lee en los documentos de 1997. Sin embargo la realidad es otra. Mientras en 1985 las bibliotecas empezaron a buscar la forma de sistematizar su catálogo, en 1987 la Luis Ángel Arango decidió comprar Notis, que era el sistema más avanzado disponible. En 1989, ofreció gratuitamente a la Biblioteca Nacional el uso del sistema para que hiciera la catalogación. Pero la Biblioteca Nacional no lo aceptó alegando que necesitaba un sistema propio. Universidades como los Andes, la Tadeo y otras sí lo hicieron y se pegaron gratuitamente de la Luis Ángel Arango. Allí comenzó un rezago, que aún hoy no se ha podido remediar. Lo mismo sucedió con la colección de periódicos. Por rechazar la oferta, también de la Luis Ángel, de microfilmar toda la prensa del siglo XIX de ambas instituciones, quedando con un positivo de consulta en la Nacional y el máster en la otra, hoy la Biblioteca Nacional cuenta con 1500 rollos de microfilm, mientras que la Luis Ángel Arango posee 7000. Cifra igualmente dramática en la adquisición de libros: En una década la Luis Ángel compró 400.000 títulos, mientras la Nacional adquirió menos de 10.000.