Julio 27 de 2007

Y así se queda

La Aeronáutica no aceptó los primeros diseños del concesionario y el proyecto de Eldorado seguirá como estaba.

EL JUEVES PASADO, cuando la Aerocivil comunicó oficialmente que no aceptaría las modificaciones propuestas a los diseños del Aeropuerto Eldorado en Bogotá, nadie se sorprendió. La decisión dejó en claro varias cosas. Primero que el proyecto del Aeropuerto seguirá tal y como se había establecido en la licitación. Segundo, que el diseño, hecho por Aeropuertos de París y que tuvo un costo de 1,3 millones de dólares, no tendrá mayores cambios. Tercero, que el actual Aeropuerto se derribará siempre y cuando no genere costos adicionales; y cuarto, que no habrá la más mínima modificación al proyecto original. 

El episodio fue uno más de una larga historia. Hace casi un año, el consorcio colombo-suizo Operadora Aeroportuaria Internacional, Opain, ganó entre cinco oferentes la concesión para administrar, operar, mantener y explotar comercialmente el Aeropuerto Eldorado de Bogotá, el más importante de Colombia. El contrato señalaba que la concesión duraría 20 años y que en los primeros cinco el ganador invertiría 650 millones de dólares en las obras de adecuación. El convenio establecía que la Aeronáutica entregaría el Aeropuerto al concesionario el 19 de enero de 2007 y que el 20 de septiembre arrancarían las obras físicas, luego de que el Gobierno aprobara los diseños definitivos.

Pero el 19 de junio, Opain, al presentar su diseño, decidió modificar la propuesta original argumentando que la terminal se quedaría pequeña en un par de años y que la idea era hacer un proyecto moderno que se ajustara a las necesidades de tráfico proyectadas para Bogotá.

Opain señala que el Plan Maestro de la ciudad calculó el número de pasajeros internacionales en 4.290.000 para 2015, pero que ya esa cifra fue superada en 500.000. Además, argumenta que las obras previstas serían entonces insuficientes teniendo en cuenta los volúmenes anuales de pasajeros y propuso, en vez de remodelar el viejo edificio, construir uno nuevo y que la terminal de carga se traslade al costado occidental para evitar que la avenida de acceso al terminal colapse por la congestión con los vehículos de carga. "En todas las concesiones se pueden hacer cambios, lo importante es que no afecten el espíritu del acuerdo", dice Luis Fernando Jaramillo, gerente del consorcio.  

Y aunque en teoría la propuesta de Opain estaría acorde con los desafíos de Bogotá en materia aeronáutica, en la práctica se trata de una idea que para el Gobierno no es viable técnica, financiera ni jurídicamente. La Aeronaútica dice que es claro que la más mínima modificación de los términos en que fue firmado el contrato podría generar una avalancha de demandas que le causaría verdaderos dolores de cabeza. El hecho de modificar el diseño original y trasladar el terminal de carga no estaba contemplado en la propuesta inicial y se entiende como una modificación que no aplicaría en forma legal. "Violentaría el contrato y abriría una puerta para confrontaciones jurídicas", dice Fernando Sanclemente, director de la entidad.

El otro punto en discusión, según la Aerocivil, es que las proyecciones de la demanda de pasajeros están sobredimensionadas y que no tiene sentido pagar un sobrecosto de 150 millones de dólares y ampliar la concesión 15 años más por un proyecto que no construye un centímetro más de lo pactado en la propuesta base ni prevé la dotación de equipamiento adicional. Además dice que como están planteados los diseños originales no sería insuficiente para el tráfico de pasajeros proyectados y la avenida 26 no colapsaría pues para eso se van a invertir más de 5.700 millones de pesos en adecuar y pavimentar una vía perimetral interna por el occidente. "Es inviable -agrega Sanclemente-. Además el concesionario no demostró las diferencias técnicas que existirían entre su propuesta y las especificaciones actuales".

Ante semejante actitud, hay quienes piden cautela. "Hay que comenzar por asegurar que el nuevo Eldorado no se quede pequeño antes de entrar en operación, algo que sucedería si el alto Gobierno no toma ya cartas en el asunto", sostuvo un editorial de El Tiempo. Pero la suerte parece estar echada. Ahora la concesión tendrá un plazo de 20 días hábiles para hacer una nueva propuesta y 20 días después la Aerocivil decidirá si la aprueba. Y en lo que tiene que ver con la controversia sobre una obra que podría nacer atrofiada, la discusión será definida con el paso de los años. El hecho es que el Gobierno defiende a muerte el proyecto y dice que en unos años será el mejor de Suramérica.

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