Sicarios enredan al amo del licor en Antioquia

Las autoridades tienen contra las cuerdas al zar de los licores en Antioquia. Foto: Archivo Cambio

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EL 13 DE MARZO PASADO, la suerte le cambió radicalmente a Alirio de Jesús Rendón Hurtado, El Cebollero. Hasta ese momento, era conocido en Antioquia por haber pacificado la convulsionada plaza mayorista de Itagüí, que abastece a gran parte del Valle de Aburrá.

Este vendedor de cebolla, ajo y papaya también lideró la privatización de la central de abastos, ayudó a organizar a los vendedores en cooperativas, a erradicar a ladrones y extorsionistas. Hoy es la cabeza visible de 5.000 comerciantes que mueven a diario unos 250.000 millones de pesos.

Esa alianza entre comerciantes también le ha permitido participar en la más grande tajada de la distribución de productos de la Fábrica de Licores de Antioquia (FLA), a la que, según él mismo dice, La Mayorista (central de abastos) le compra más de la mitad de su producción anual: 25 millones de botellas de ron y aguardiente, unos 180.000 millones de pesos.

Pero ese día, tras la llegada de 26 fiscales de la Unidad de Derechos Humanos y de decenas de agentes de la Dijín, El Cebollero pasó a ser un fugitivo. En la redada cayeron 21 señalados miembros de las bandas sicariales La Unión y Calatrava, y aunque Rendón encabezaba la lista de capturables, las autoridades no pudieron dar con su paradero.

Tampoco fue localizado Carlos Alberto Gutiérrez, Maco, gerente de una de las comercializadoras de licores, miembro del departamento de seguridad que la Superintendencia de Vigilancia le aprobó a Rendón desde hace 7 años.

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