Mayo 23 de 2007

¿Acuerdo o Intercambio humanitario?

Jaime Jaramillo Panesso, miembro de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, explica las diferencias entre acuerdo e intercambio humanitario. Exclusivo de Cambio.com.co

¿Por qué se habla de "acuerdo humanitario" y no de "intercambio humanitario"? Porque el acuerdo tiene más alcances, en especial lo atinente a los secuestros extorsivos que afectan a cientos de ciudadanos en los campamentos guerrilleros, a la espera de millonarias transacciones o expropiaciones. Estos ciudadanos, entre los que se encuentran también mujeres colombianas, no están en la lista del intercambio. Sólo aquellos que las Farc denominan rehenes políticos que no son canjeables por moneda, sino por guerrilleros presos. 

Con el correr de los años, muchos guerrilleros procesados han declarado y escrito en privado que se acogen a la Ley de Justicia y Paz, lo cual indica que no es de su apetencia ser canjeados para volver a las montañas o a las selvas de la Orinoquía. Esa es una de las falencias políticas y contables del intercambio.

Otro aspecto que expresa la metodología del intercambio: para ejecutarse no se necesita despeje alguno. Basta con que el Gobierno diga cuántos guerrilleros puede legalmente liberar por estar sólo incursos en rebelión y no en crímenes de lesa humanidad o crímenes de guerra, las fechas y formas de aplicarlo. Simultáneamente la guerrilla daría aviso en cuáles cabeceras municipales, parroquias o villorrios dejaría en libertad a los secuestrados para que comisiones de la Cruz Roja Internacional y familiares los recojan.

Pero el acuerdo humanitario es más complejo,  políticamente más avanzado y comprometedor, pues exige un cara a cara entre las partes con testigos y veeduría internacional. Ese encuentro requiere un sitio de ubicación especial acordado previamente donde ninguna de las partes tenga armas y la garantía esté en entidades internacionales. ¿Para qué serviría ese encuentro? Para llegar a un acuerdo humanitario que desmonte el secuestro, en particular de los civiles, como arma del conflicto. Y para dialogar la entrega, a cada una de las partes, de los secuestrados y guerrilleros pertinentes.

El acuerdo humanitario puede ser la puerta para nuevos y distintos temas, pero lo más importante es sentar bases de confianza y respetuoso diálogo. Conviene aclarar que proponer condiciones imposibles como el despeje de uno o dos departamentos sería visto como un acto de rendición del Estado. De la misma manera, solicitar a la guerrilla que entregue las armas y se desmovilice de entrada sería una exigencia imposible de cumplir. La racionabilidad de los puntos de un acuerdo humanitario es la piedra angular de un hipotético camino a la paz.

En las actuales circunstancias el acompañamiento y participación de organismos internacionales son vitales. De igual manera la Iglesia Católica podrá jugar un papel sereno y confidencial. Pero falta mucho trayecto todavía. La indignación nacional está al rojo vivo por las versiones del tratamiento inhumano conocidas por boca de víctimas del secuestro.

Para llegar a un acuerdo humanitario probable debemos tener en cuenta que no hay familias de primera y secuestrados de segunda. Y que la guerrilla reflexione sobre dos puntos: sin hablar de derrota, es un momento histórico para hacer valer su honor de combatientes, combinando las formas de paz y no las formas de lucha. Y otro: no hay lugar a ningún triunfo político en la selva, aunque sobreviva todavía el mito libertario. Si a la guerrilla le importa el cercano futuro de la izquierda civilista, ayúdela a su crecimiento y eventual victoria con actos de paz y no con los horrores del secuestro y de la guerra.

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