Mayo 18 de 2007

Obra negra

El promotor del edificio más alto de Colombia esconde una historia de proyectos fracasados y deudas millonarias.

EL NOMBRE DE José Hernán Bravo Ocampo, promotor de proyectos de finca raíz en Colombia y Estados Unidos, salió a flote hace varios meses cuando se puso al frente del proyecto de la Torre de la Escollera, que se ha vendido como el edificio más alto del país: 58 pisos, 206 metros de altura.

Quienes  lo conocen lo definen como un hombre de personalidad arrolladora, convincente y de gusto refinado, generoso en atenciones con quienes hace negocios. No obstante su buena imagen pública, su nombre aparece vinculado a un caso hoy en manos de la Superintendencia de Sociedades: 250 copropietarios del Hotel Holiday Inn -entre ellos el ex presidente Alfonso López Michelsen- y otras 325 personas -naturales y jurídicas- reclaman deudas por 22.000 millones de pesos de dos empresas de las que Bravo fue representante legal y/o accionista.

La historia comenzó en 1993, cuando Bravo y siete familiares suyos crearon la sociedad Hotelex Ltda. con 800 millones de pesos de capital inicial, para construir el Hotel Avenida de Chile en Bogotá. La sociedad empezó a vender suites del Hotel a precios de entre 55 y 200 millones, y en mayo de ese año, para fortalecer el proyecto, Bravo obtuvo la franquicia de la famosa cadena Holiday Inn.

El 1 de octubre de 1995 fue inaugurado el Hotel con bombos y platillos, pese a que 160 de las 415 suites estaban en obra negra.  Ocho meses después, las cosas se complicaron. El 28 de junio de 1996, Hotelex Ltda. firmó un contrato con Hotelman, de la familia Bravo, para que se encargara de la operación del Hotel, operación que la cadena Holiday Inn consideró irregular, porque la franquicia la había otorgado a Hotelex y no a otra empresa.

Por otra parte, había varios copropietarios nerviosos que sospechaban que algo raro ocurría. Adriano Quintana, que en 1994 compró una suite de 25 metros por 55 millones de pesos, dice que Bravo le aseguró ganancias superiores a 1,8 millones de pesos mensuales, pero que Hotelex a duras penas le entregaba entre 40.000 y 50.000 pesos.  "Ni siquiera nos permitían entrar a las instalaciones del Holiday -dice Quintana-. Supimos que Bravo se había ido con millonarios recursos, no teníamos acceso a la contabilidad y después establecimos que la administración era un desastre".

María Cecilia Medina, otra damnificada, asegura que entonces adquirió una suite por 99 millones de pesos y que ahora, 13 años después, ni siquiera tiene la escritura. "Fui estafada -dice-. Los ahorros de 25 años de trabajo y un préstamo bancario los metí en ese proyecto y jamás recibí un peso. No me he podido recuperar, las deudas me enfermaron".

Falsas promesas

Quintana y Medina son sólo dos de los que se consideran estafados por Bravo. A mediados de 1998, más de 20 copropietarios, entre ellos Germán Bazanni, José Antonio Perdomo y Jaime Escobar, pusieron el caso en conocimiento de la Superintendencia de Sociedades que ya había recibido denuncias por el mal manejo de las finanzas del Hotel. Según ellos, en tres años dejaron de percibir rendimientos superiores a 10.500 millones de pesos. "En lugar de enfrentar el asunto, Bravo empacó maletas y viajó a Estados Unidos -dicen-.

 "Nos enredaba diciendo que iba a conseguir más plata y más préstamos para terminar el Hotel".

Las irregularidades denunciadas figuran en informes que conoció CAMBIO, que señalan la incapacidad de los empleados y del personal administrativo para manejar el Hotel. "No se lleva contabilidad, las actas de la sociedad están incompletas y no se cumplen los requisitos de ley", dice un informe.

Ante la posibilidad de que su nombre quedara en entredicho, Holiday Inn se retiró del proyecto el 23 de septiembre de 1999 y deshizo el contrato de franquicia que nunca fue pagado por Hotelex. Fue un golpe de gracia para las ilusiones de los copropietarios que creían garantizada su inversión por el prestigio de la cadena hotelera, y que Bravo los había estafado y que sería muy difícil recuperar el dinero invertido. 

A finales de 1999, Bravo regresó al país con la supuesta intención de solucionar los problemas. En una reunión informal les dijo a algunos inversionistas que, gracias a sus contactos en Estados Unidos, había logrado un crédito por 1,5 millones de dólares con Qualita Financial Group Inc., que le permitiría cumplir con algunos compromisos. "No se preocupen que con ese dinero salimos de unas deudas -les dijo-. No voy a dejar que el proyecto se vaya al piso".

Al poco tiempo se dieron cuenta de que el dinero había ido a parar a las cuentas personales de Bravo, quien había regresado a Estados Unidos. Mientras tanto, crecían las deudas y el deterioro del Hotel se hacía más evidente. "El desmejoramiento de la planta física y las instalaciones era notorio -dice un informe de auditoría-. Había percances como la falta de luz, agua, servicios de cable, teléfonos y televisión por cable, entre otros problemas".

El 23 de septiembre de 2003, Supersociedades decidió tomar el toro por los cuernos, ordenó la liquidación de Hotelex y Hotelman, y nombró liquidadores para hacerle frente a deudas que superaban los 22.500 millones de pesos. La junta de copropietarios cedió el inmueble para su operación a Von Humboldt Grand Hotel and Convention Center.

El proceso de liquidación está en curso. La Superintendencia ha reconocido deudas por 12.000 millones de pesos a personas naturales y a empresas, entidades y bancos como BBVA Horizonte, Bancafé, ETB, Dian, Sena y el Distrito de Bogotá. "El Edificio Hotel Avenida Chile es un proyecto de operación hotelera construido a medias: la mitad está en obra negra y en la otra se desarrolla la operación del Hotel con 220 habitaciones -asegura Jairo Abadía, agente liquidador de la Super-. En los últimos 10 años, los resultados de la operación no han reportado rendimiento alguno".

La Escollera

El año pasado, el nombre de Bravo volvió a aparecer vinculado a un proyecto inmobiliario, esta vez en Cartagena. El 9 de agosto de 2006, constituyó la sociedad Superesculturas Ltda. con capital inicial de 50 millones de pesos, que fue contratada por ActionCol, subsidiaria de la constructora Action Hill Holding Group Inc. de Panamá, para construir la Torre de la Escollera. 

Una vez más, el nombre Bravo figura asociado a problemas graves. El megaproyecto, cuya finalización estaba programada para octubre del año pasado, va apenas en la mitad y los trabajos fueron suspendidos no sólo por la falta de materiales importados de Ecuador, sino por fuertes vientos de 130 kilómetros por

hora que impiden que los obreros trabajen en las partes más altas y que hace pocos días causaron en la Toore una inclinación de un metro. Adicionalmente, vecinos del sector de Bocagrande se han quejado por el impacto de la construcción en la zona.

Los inversionistas están al borde de un ataque de nervios no sólo por estos problemas, sino porque Bravo ya no figura como José Hernán Bravo Ocampo, con c.c. No. 79143129, sino como José Hernán Bravo, sin el segundo apellido y con pasaporte No. 45731612.  "No queremos pensar mal, pero creemos que ahora omite su segundo apellido y se presenta con pasaporte gringo para evadir responsabilidades en Colombia", dicen los inversionistas. 

En diálogo con CAMBIO, Bravo aseguró que en Colombia no tiene procesos  judiciales en su contra y aceptó que el proyecto en Bogotá se fue al piso pero que no fue por culpa suya. Y sobre la pregunta de por qué la omisión de su segundo apellido, explicó que se debe a su nueva ciudadanía y que, contrario a lo que aseguran 250 copropietarios del Hotel de Bogotá, jamás estafó a nadie (ver recuadro).

Las alarmas están prendidas y en Cartagena circula el rumor de que Bravo va a abandonar el proyecto. Y el país.

JOSÉ HERNÁN BRAVO
INGENIERO Y CONSTRUCTOR
"No he estafado a nadie"

CAMBIO: ¿Por qué no utiliza su nombre completo y se identifica con el pasaporte y no con la cédula?

JOSÉ HERNÁN BRAVO: En 1999 me nacionalicé como ciudadano americano y renuncié a la ciudadanía colombiana. Mi nombré está registrado solo como José Hernán Bravo sin el segundo apellido, Ocampo, y desde entonces estoy obligado a usar esa sola identidad.

¿Cuál fue su participación en la construcción y operación del Hotel en Bogotá?

Fui socio y gerente de las compañías que participaron en ese proceso, Hotelex y Hotelman, de las que eran propietarios otros miembros de mi familia.

¿Por qué Holiday Inn le quitó la franquicia?

La cadena se comprometió a garantizar el 30% de las reservas, pero no cumplió. La franquicia costaba 30.000 dólares y el hotel solo trabajaba para pagarla. La marca Holiday Inn se convirtió en un lastre para nosotros. Por eso bajamos el letrero.

Las deudas que dejó la empresa representada por usted superan los 22.000 millones de pesos. ¿Las admite?

Las que existan corresponden a las personas jurídicas de Hotelmex y Hotelman, y conforme a la Ley éstas responden con su patrimonio. El 20% de la propiedad del edificio es nuestra y las empresas deben recibir utilidades por la operación del Hotel.

Entre las deudas figura una de 1,5 millones de dólares de un crédito que otrogó Qualita Financial Group que, según copropietarios del Hotel, terminaron en sus cuentas personales.

Eso es falso. El crédito se hizo, se registró debidamente ante el Banco de la República y con él se pagaron varias deudas que ahora no recuerdo. Nunca deposité en mis cuentas dinero de las empresas.

¿Por qué se fue de Colombia y dejó botados a empresas y  acreedores?

Desde 1994 tengo residencia en Estados Unidos y viajo de manera frecuente a Colombia. Dejé el Hotel el Apia en el que me impidieron la entrada. Los acreedores presionaron la liquidación y la Superintendencia de Sociedades tomó posesión.

¿Quiénes más han perdido?

Nosotros, los promotores. Los proveedores sólo perdieron las cuentas de los últimos 90 días. En cuanto a los copropietarios, tal vez no vieron cumplidas sus expectativas de rentabilidad, pero estas se darán con la actual reactivación económica.

Ellos sostienen que no recibieron utilidades y que no les entregaron escrituras.

No pueden decir eso, no estafé a nadie.

Tiene fama de que enreda a la gente y de que es habilidoso en los negocios.

Simplemente soy un ingeniero, un negociante.

OBRA FALLIDA

Un edificio de cinco pisos en Cielo Mar, al norte de Cartagena, cuya construcción empezó en 1998 y duró paralizada varios años, es otro proyecto en el que estuvo vinculada una empresa de la familia de Bravo: General Still, la misma que desarrolló parte del hotel en Bogotá.

Esta diseñó la estructura de Cielo Mar, pero las irregularidades en el manejo del contrato causaron su descalabro. "Al frente de General Still estaba Óscar Bravo, hermano de Hernán, pero las decisiones eran de otra persona que nunca aparecía", contó uno de los afectados, quien aseguró que no conoció los planos globales del edificio y constantemente le pedían dinero para la obra. Además, dijo que la sociedad no tenía recursos para cumplir sus compromisos y por eso optó por conseguir un inversionista a cambio de su participación en el edificio.

La crisis financiera se extendió a otra sociedad que participaba en el proyecto, razón por la cual fue abandonado, a pesar de que parte de la estructura metálica estaba y el 90% del edificio ya había sido  vendido.

TESTIMONIO

JAIME ESCOBAR, uno de los 250 copropietarios del hotel en Bogotá asegura: "En vista de que nunca recibí las escrituras de las tres suites que compré, inicié un proceso ejecutivo y cuando fui a embargar a la empresa Hotelex me enteré de que no tenían nada, todo lo traspasaron a una nueva firma llamada Hotelman. Cuando supimos que Bravo estaba construyendo en Cartagena lo llamamos a cobrarle y contestó que no teníamos cómo probar que nos había estafado".

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