(Página 1 de 4)
Son las 8:30 a.m. del martes 24 de abril y en la estación Puente Largo de la avenida Suba con calle 106, la gente se agolpa en espera del expreso H-15, cuyo destino es el Portal Tunal. Después de 20 minutos de retraso, los pasajeros comienzan a perder la paciencia y a buscar otra forma de movilizarse: unos toman otro bus para ganar tiempo y otros abandonan la estación y salen en busca de una buseta. "Uno puede demorarse media hora esperando un expreso y llegan repletos -cuenta Maria Paula Sánchez, una de las usuarias desesperadas-. Antes uno sabía por el tablero electrónico cuánto se demoraba en llegar el bus y los tiempos se cumplían, ahora eso no pasa".
Esta escena se repite cada vez con más frecuencia en las estaciones donde, desde mediados de 2006, dejaron de operar los tableros electrónicos. Esta fue solo una de las consecuencias del problema administrativo que dejó a TransMilenio durante más de seis meses sin el sistema de comunicación interna que le permitía garantizar cumplimiento y calidad en el servicio. "Por cuenta de una pésima gerencia, TM empezó a heredar los males del viejo sistema de transporte -asegura Juan Carlos Flórez, ex concejal y candidato a la Alcaldía de Bogotá-.
Han tomado decisiones desafortunadas que hoy tienen al sistema al borde de la muerte. Para la muestra dos ejemplos: cambiar el proveedor de comunicaciones y sacar de circulación hasta el 50% de la flota".
TransMilenio enfrenta una crisis y para buscar la forma de arreglarla, directivos de la empresa y delegados la Alcaldía se vienen reuniendo desde hace mes y medio en la Cámara Colombiana de Infraestructura. Están preocupados porque desde finales del año pasado, el sistema ha registrado un descenso notorio en el número de usuarios, que ya en febrero presentó el promedio más bajo de la historia con sólo cinco pasajeros por kilómetro. En resumen, TransMilenio tiene un déficit de 200.000 pasajeros diarios, lo que en plata blanca significa que deja de recibir al dìa, cerca de 360 millones de pesos.
Los directivos de TM sostienen que la Alcaldía tiene su buena cuota de responsabilidad en la crisis porque, según ellos, ha tolerado la sobreoferta de buses y no ha eliminado las viejas rutas de las avenidas Suba y NQS, donde funciona la Fase II del sistema.