Tarjeta roja

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El pasado jueves en la mañana, cuando agentes de la Policía brasileña llegaron a la casa de Freddy Rincón en un exclusivo sector de Sao Paulo, el destacado futbolista colombiano se entregó con la misma resignación de un jugador al que le sacan tarjeta roja.  

Rincón pidió tiempo para vestirse y recoger algunas cosas, luego abordó una de las camionetas de la caravana judicial en la que fue conducido a los calabozos de la sede de la Policía Federal, donde permanecerá  mientras el gobierno de Lula da Silva  decide si acepta o no la solicitud de extradición que hizo Panamá el año pasado por lavado de activos.

El proceso penal que tiene a Rincón en la cárcel está relacionado con negocios que realizó durante varios años con el narcotraficante Pablo Rayo Montaño, hoy condenado en Estados Unidos. La Fiscalía panameña asegura que Rincón sirvió de testaferro de Rayo Montaño a través de varias empresas con sede en Panamá, como Nautipesca, la empresa más grande de artículos de pesca de ese país, que fue confiscada con fines de extinción de dominio en mayo de 2006.

Según la Fiscalía panameña la firma sirvió de fachada para que Rincón lavara dineros del narcotráfico, versión que concuerda con los hallazgos de la Fiscalía colombiana que, a comienzos de este año, ocupó en el Valle dos fincas y dos apartamentos adquiridos por Freddy Rincón al parecer con dinero de la organización de Rayo Montaño.

Las autoridades tienen pruebas que comprometen a Rincón y, además, juega en su contra la amistad que desde pequeño tiene con Rayo en su natal Buenaventura. "Rayo era amigo de Rincón y de otros  muchachos que jugaban fútbol con él -le dijo a CAMBIO una persona cercana a las dos familias-. Rayo apoyó a Rincón para que jugara en equipos de ligas inferiores de Cali, hasta que llegó al fútbol profesional".

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