¿Fantasmas en el clóset?

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"Si no frenamos ya a los 'guardianes de la Sierra', van a llenar de sangre el Cesar", dijo Luis Carlos Ramírez Trejos, suboficial del Batallón La Popa del Ejército, en su celda de la cárcel judicial de Valledupar durante una visita que le hizo una fiscal en julio de 1995, para pedirle colaboración en el esclarecimiento del caso de Milciades Cantillo Costa, ex congresista y dirigente liberal asesinado por sicarios el 5 de abril de ese año.

Ramírez y uno de sus compañeros de reclusión, Julio Campo Ávila, contaron que un grupo de personalidades del Cesar, conformado con apoyo de un sector del Ejército y conocido como "guardianes de la Sierra", había contratado escuadrones de sicarios para asesinar a personas que consideraban aliadas de las Farc y el Eln. Entre los miembros del grupo mencionaron al ex gobernador Pepe Castro, a su hijo Juan Carlos Castro Daza y a Hernando Molina, actual Gobernador del departamento y quien ha estado en el ojo del huracán de la parapolítica.

Según Ramírez y Campo, convictos por crímenes atribuidos a esos escuadrones, los "guardianes" habrían hecho una lista de objetivos militares que entregaron al Batallón La Popa y en al que figuraba Cantillo Costa, miembro del Congreso revocado por la Asamblea Constituyente de 1991. A pesar de que era un reconocido dirigente liberal, fue señalado como auxiliador de la guerrilla. ¿La razón?  Era  primo hermano de René Costa, abogado de izquierda considerado por los servicios de Inteligencia como ideólogo del grupo guerrillero, y de Benjamín Costa, ex diputado de la Asamblea a quien le atribuían vínculos similares.

Cantillo fue asesinado a las 7:30 p.m. del 5 de abril de 1995 cuando llegaba a la casa del dirigente Álvaro Araújo Noguera, quien lo había llamado para proponerle un acuerdo político que tendría como punto de partida el manejo de la electrificadora del departamento. Cantillo llegó en un campero y antes de bajarse fue abaleado por sicarios que se movilizaban en taxi. Su esposa, la entonces fiscal Romualda Saumeth Suárez, recibió dos tiros, uno en la cabeza y otro en un brazo, y su pequeño hijo de un año y una empleada del servicio se salvaron de ser alcanzados por los balas.

Campo y Ramírez también le dijeron a la fiscal que el autor del  atentado fue Luis Alfonso Pimienta, un pistolero que, según ellos, fue entrenado por los "guardianes", el primer grupo paramilitar que se conoció en la región. Y se declararon dispuestos a colaborar para esclarecer ese y otros crímenes, pero pidieron protección y pusieron como condición para declarar, que no fuera ante funcionarios judiciales del Cesar porque, según ellos, podrían estar contaminados. Como muestra de su voluntad, aceptaron que la conversación fuera grabada.

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