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Como en los viejos tiempos
CAMBIO habló con usuarios y conductores de los buses de TM y todos coinciden en que la enorme deserción de pasajeros se debe en gran parte a que ya no ofrece mayores ventajas y se parece cada día más al viejo sistema de transporte.
La falta de tableros electrónicos afecta a los pasajeros que ya no sabe a qué atenerse y a los conductores que, por medio de una pantalla electrónica instalada en cada bus, recibían información sobre la velocidad a la que debían ir en ciertos tramos y la estación en la que debían parar. "Nos vimos forzados a comprar cronómetros para contabilizar el tiempo de recorrido, imprimir en un papelito el itinerario y marcar con resaltador las estaciones donde había que parar -le explicó a CAMBIO uno de los conductores entrevistados-. Y como no siempre conducimos por la misma ruta, es común que se nos olvide parar en alguna estación, lo cual enfada mucho a los pasajeros".
En marzo, TransMilenio anunció el restablecimiento del sistema de comunicaciones, pero la realidad es que hoy sólo funciona en un 70% y las pantallas no operan bien. "Están mal calibradas, señalan exceso de velocidad o demoras cuando no las hay y eso nos genera multas injustificadas -asegura un conductor-. Como no se pueden dar instrucciones en pantalla, contrataron coordinadores de paso, prácticamente iguales a los 'calibradores' del transporte antiguo, que nos dan instrucciones por la ventana cuando paramos a recoger pasajeros".
Al caos en las comunicaciones se suma el cambio en el sistema de identificación de los buses, que se hizo después de que entró en funcionamiento la troncal de Suba. "Esa confusión de letras y colores desanimó a muchos usuarios, especialmente a los de la tercera edad, que al no poder entender cómo funcionaba decidieron seguir en buseta", asegura Flórez.
La deserción de pasajeros por estas y otras razones favorece al creciente número de buses tradicionales que circulan simultáneamente con los articulados, y conspira contra las finanzas de TM. Por eso, a finales de 2006 y después de que el sistema incorporó 500 buses nuevos para cubrir las rutas de la Fase II, los directivos se vieron en la necesidad de reducir a la mitad el número de buses en otras rutas. "A cualquier hora los parqueaderos se ven llenos -dice el conductor de un bus articulado-. Muchos conductores debemos permanecer todo un día parados porque nos cancelan los recorridos a última hora".