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"USTED NO SE IMAGINA lo que debo hacer para vivir, es muy duro porque no tengo un marido que me ayude con su manutención. Por ahora, mis hijos y yo nos alimentamos con los 90.000 pesos que me gano al mes. Donde me quede sin este trabajo nos morimos de hambre", dice Arnoli Ávila, una menuda mujer que no sobrepasa los 30 años y que hoy sobrevive con sus cuatro hijos de lo poco que gana como mesera en el único restaurante de Santa Fe de Ralito, el corregimiento de Tierralta, Córdoba, que sirvió como sede de las conversaciones de paz del Gobierno con las Auc.
Arnoli es una de las muchas madres solteras que hay en la que fue llamada zona de ubicación y que paramilitares desmovilizados dejaron embarazadas y luego dejaron con sus hijos y sin medios para mantenerlos. Hijos y madres de Ralito, abandonados a su suerte, porque ni Arnoli ni las mujeres que como ella tuvieron relaciones con miembros de las Auc, se atreven a reclamar sus derechos o a revelar la identidad de aquellos que las preñaron y luego se fueron de la región.
En Ralito impera la ley del silencio. Nadie habla mal de los desmovilizados, pero en voz baja mencionan nombres como el de La Perrita, un ex combatiente de apellido Vidal, a quien atribuyen la paternidad del hijo de Arnoli y del que se desconoce su paradero. "No quiero hablar del tema", dice la joven madre.
Dubis, en cambio, sí habla. Tiene 20 años y no ha hecho el bachillerato. Asegura que el padre de su bebé de seis meses se llama Enrique Cárdenas, un tipo al que le decían Trompoloco. "No me acuerdo en qué bloque trabajaba, sólo sé que era paramilitar y que se fue sin dejar rastro -afirma-. Ellos vinieron, prometieron y nos dejaron en el completo olvido. Al menos así quedé yo". Vive en una pequeña casa de dos habitaciones que comparte con su mamá, su abuelo, dos menores y su pequeño hijo. La pobreza es su realidad. Los siete sobreviven con los pocos pesos que le deja una tienda de víveres.
Arnoli, Dubis, Lili Janeth, Ester, Lili Luz y más de 40 jóvenes que tienen hijos de desmovilizados, sienten que para ellas no hay futuro ni en Ralito, ni Bonitoviento, Nueva Granada, Betania, Nuevo Paraíso, Quebradacosta, Los Galones y Aguaditas, corregimientos que vieron pasar los millones de los jefes paramilitares que controlaban la región, pero que a ellas sólo les dejaron frustración, tristeza, pobreza, desilusión... "Muchas jóvenes se dejaron enamorar de los paramilitares -dice Ana María Ana Ávila, líder comunal de Santa Fe de Ralito-. Ellos dejaron hijos regados en esta región y se volaron o están detenidos en alguna parte. Las madres esperan a que alguien les ayude".
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