Abril 20 de 2007

El poder detrás del poder

Pasan desapercibidas, pero conocen las entrañas del poder y de la política. Son las secretarias de los ministros.

NO MOJAN PRENSA cada domingo, no se roban la atención de las cámaras cuando aparecen en algún almuerzo, no son abordadas por los periodistas en busca de declaraciones para primeras planas.

Pasan desapercibidas pero conocen al dedillo las bambalinas del poder y los tejemanejes de la política. Manejan secretos e información confidencial, organizan las agendas de los más importantes funcionarios y saben hasta en dónde ponen las garzas. 

Son las secretarias de los ministros, algunas de las cuales llevan tantos años en el cargo que, como dicen por ahí, ya hacen parte del inventario.

De largo aliento

Ana Isabel Homez, que llegó al Ministerio de Hacienda el 26 de marzo de 1973, hace pocos días completó 34 años en el cargo.  "Llegué a trabajar como ascensorista con un sueldo de 980 pesos", recuerda.

Subiendo y bajando pisos duró cinco años y luego pasó a cumplir funciones en diferentes dependencias: estuvo a cargo del conmutador, de la recepción y en diferentes áreas del Ministerio. Desde hace siete años se desempeña con el mismo ánimo con que arrancó en la oficina de Planeación del Ministerio y espera jubilarse el año entrante. "Me iré con la frente en alto -dice-. Mi hoja de vida es impecable, sin un solo tachón. Al Ministerio le debo mucho".

Años de trabajo que le dejan un álbum de recuerdos y anécdotas. Sonriendo, recuerda que en una ocasión, hace casi 20 años, confundió al Ministro de entonces con uno de los conductores. "Ambos eran bajitos -afirma-. Cuando vi al Ministro saliendo del ascensor pensé que era Pedrito, el conductor, y lo llamé. Casi me muero de la pena cuando me di cuenta del error".  

Otro ejemplo de larga duración en un cargo público es el de Gloria Marina Verdugo, que este año cumple un cuarto de siglo como secretaria en varios despachos del Ministerio del Interior. Glorita, como le dicen en el Ministerio, llegó a ese despacho el 30 de junio de 1982 a desempeñarse como secretaria de la Oficina de Personal.

Desde entonces, su buena actitud y su amabilidad la han convertido en una de las consentidas del Ministerio. Pasó a ser  secretaria del Ministro cuando Raúl Orejuela fue nombrado en el cargo en 1989. Ha visto desfilar por el despacho a importantes personajes como Fabio Villegas, Humberto de la Calle, Horacio Serpa, Carlos Holmes Trujillo y Néstor Humberto Martínez, entre otros. "Todos los ministros son especiales -asegura-. No he tenido preferencia por ninguno porque cada uno tiene su manera de ser".

No obstante recuerda a uno en especial por una situación complicada: Orlando Vásquez Velásquez. La ofensiva del cartel de Medellín y las amenazas de bomba eran el pan de cada día. Un día, cuando Vásquez presidía una importante reunión, sonó el teléfono. Glorita contestó y, al otro lado de la línea, oyó una voz que amenazó con una bomba. Incumpliendo la orden de no interrumpir, irrumpió en la oficina donde estaba reunido el Ministro y le entregó un papelito en el que lo alertaba sobre el aviso. "Afortunadamente no pasó nada, pero fue un oso inmenso acabar con la reunión por una falsa alarma", recuerda. Hoy es  secretaria de la viceministra María Isabel Nieto.

En el Ministerio de Defensa, donde los cambios en la cúpula militar ponen a temblar a más de uno, hay otro ejemplo de larga duración. El de Flor Marina Cárdenas, quien acaba de cumplir 19 años trabajando para esa cartera. Comenzó como secretaria de la gerencia del Club Militar de Golf en 1988 y se ganó el diminutivo de Florecita porque es cariñosa y sensible. Todos en el Ministerio la conocen y reconocen su impecable labor.

En 1996 llegó a la sede del Ministerio a trabajar en la jefatura de la Oficina de Informática. Cuando cumplió 15 años de trabajo, la recibió de manos de la entonces ministra de Defensa, Martha Lucía Ramírez, una condecoración como reconocimiento a sus servicios. "Fue un gran motivo de orgullo -asegura-. La ceremonia tuvo lugar en el patio interior del Ministerio y hubo hasta desfile militar".

Florecita, que reconoce que los ministros civiles como los militares que han pasado por la cartera de Defensa son iguales de estrictos, quisiera seguir prestando sus servicios como secretaria por el bienestar del país. Piensa que la labor que realiza desde su escritorio, es su granito de arena para contribuir a la tan anhelada paz de Colombia.

Todas estas laboriosas mujeres que guardan en sus agendas los números telefónicos de los personajes más prominentes, que tienen la combinación de la caja fuerte donde reposan algunos de los secretos más importantes de la Nación, que han dedicado gran parte de su vida al país, merecen un reconocimiento por su silenciosa y eficiente labor.  

 

Toda una vida

Treinta y tres años en el Departamento Nacional de Planeación, 20 de los cuales ha sido secretaria de la Dirección, hacen de Ruby Góngora una institución dentro de la institución.

Llegó a Planeación en 1974 a trabajar en el departamento de Contabilidad y cuando María Mercedes Cuéllar fue nombrada cabeza de la entidad en 1987, Ruby se convirtió en la secretaria de la Dirección.

No recuerda con precisión cuántos han sido sus jefes, pero dice que todos son como hijos para ella. "No podría hablar sólo de uno porque los otros se pondrían celosos -asegura-. Todos han depositado mucha confianza en mí y eso es muy gratificante".   

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