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NO ES PROPIAMENTE el crucero más grande, ni el más moderno, ni viene a bordo una prominente figura de la política universal, pero este 18 de abril los 2.051 pasajeros del crucero Radiante of the Seas serán recibidos por el presidente Uribe y Juan Váldez, con comparsas, música de gaitas y danzas.
El recibimiento con bombos y platillos obedece al retorno de la compañía Royal Caribbean Cruises a Cartagena, después de seis años de tener por fuera de su itinerario al país. Se trata de la primera de las 36 embarcaciones de esta firma que arribarán a la capital de Bolívar hasta finales de 2008.
El retorno de la Caribbean Cruises, que reporta ventas anuales por más de 5.000 millones de dólares, marca el comienzo de una nueva era para el turismo de trasatlánticos en Cartagena. Expertos prevén que con su llegada otras flotas de barcos incluirán nuevamente a La Heroica como destino habitual. "La ciudad se ha preparado para ello -explica el capitán Alfonso Salas, gerente de la Sociedad Portuaria de Cartagena-. Hoy estamos en capacidad de recibir hasta 500.000 pasajeros de barcos y nuestra meta son 800.000 para el 2012".
Considerada la segunda empresa de cruceros del mundo, con el 25% del mercado, la Caribbean Cruises transporta 3,5 millones de pasajeros al año a más de 160 destinos. Pero al igual que las más importantes líneas de cruceros establecidas en Estados Unidos, sus barcos dejaron de arribar en el 2002 a Colombia por las advertencias del Gobierno norteamericano de que sus ciudadanos no viajaran al país por los problemas de inseguridad. Pero ¿por qué regresaron? No cabe duda que detrás de la decisión hay un fuerte cabildeo del Gobierno cuyos voceros se reunieron en varias oportunidades con representantes de esa firma para convencerlos de las ventajas del país y mostrarles los resultados de la Política de Seguridad Democrática. "Hay que reconocer que en este punto el Gobierno se ha movido muy bien. Y por eso es que ahora vemos llegar a esta firma de cruceros", agrega el capitán Salas.
Estudios indican que cada pasajero de estas embarcaciones gastará en sus ocho horas de estadía aproximadamente 140 dólares que irán a parar a taxistas, restaurantes, joyerías, artesanos, operadores turísticos y comercio formal e informal, entre otros. "Ningún otro sector de la producción distribuye tanto sus recursos como el mercado de cruceros -explica Jairo Cifuentes, operador turístico-. Realmente aquí sí se socializan las utilidades".