Se cierra la tenaza

"LA ORDEN es que a palabras necias, oídos sordos". Así describió una alta fuente de la Casa de Nariño la instrucción de la semana pasada cuando el Gobierno colombiano tuvo que apretar los dientes después de la más reciente andanada verbal contra el país, proveniente de Quito y Managua, por cuenta de las declaraciones dadas por Rafael Correa y Daniel Ortega en sus respectivas capitales. A pesar de las provocaciones, ni un solo funcionario colombiano se salió del libreto y la guerra de micrófonos que algunos esperaban no tuvo lugar.

El primer guantazo provino del presidente de Nicaragua en vísperas de la cumbre del Plan Puebla Panamá (PPP), que tuvo lugar en Campeche (México) y que busca profundizar la integración y desarrollar la infraestructura centroamericana. Poco antes de empacar maletas para ir a visitar a Hugo Chávez en Caracas, Daniel Ortega dijo que Colombia  "hace política con gobernantes hondureños y costarricenses, aliándose con ellos para tratar de despojarnos de territorios a los nicaragüenses", en clara alusión al archipiélago de San Andrés y Providencia. La respuesta de la Cancillería fue un corto comunicado: "Nicaragua, desde hace más de un siglo, ha pretendido desconocer total o parcialmente los tratados o los laudos arbitrales que establecieron las fronteras con sus tres vecinos" y que "por el contrario, Colombia siempre ha desarrollado sus relaciones con los países limítrofes con estricto respeto a los principios y normas del derecho internacional". 

 Por su parte, en plena campaña previa al referendo del domingo, Correa también utilizó frases como: "No estoy dispuesto a aceptar ningún otro abuso del Gobierno colombiano", en referencia a las fumigaciones en la frontera. La respuesta provino de un pausado Álvaro Uribe quien desde México solo dijo que "Colombia tiene un problema con el terrorismo, no con los países hermanos".

¿Por qué tanta agresividad? Expertos como Carlos Alberto Patiño, internacionalista de la Universidad Nacional dicen que lo pasado es "más que una simple coincidencia". Y agrega: "Como existe una competencia subregional en donde los protagonistas principales son los presidentes Chávez y Uribe, cada gobierno está en la búsqueda de aliados políticos y diplomáticos para consolidar su lideraz

En Venezuela, por ejemplo, se ve con recelo que México y Colombia estrechen sus lazos de cooperación. En otras palabras, a la tenaza Caracas-La Paz-Quito-Managua se contrapone una alianza con sede en México y Bogotá y mayores afinidades con Washington. La presencia de dos polos claramente definidos hace pensar que las declaraciones altisonantes van a continuar por lo menos de un lado, mientras otros mandatarios como los de Brasil, Chile o Perú, guardan un diplomático silencio. Falta ver si la prudencia exhibida por Uribe continúa o si en algún momento Colombia decide también hablar duro en una región en la cual las estridencias son cada día más frecuentes.