Abril 4 de 2007

La torre de los escollos

Tutelas, vientos, falta de materiales y mucho más explican el retraso del edificio más alto de Colombia, que se construye en Cartagena.

UNA INMENSA ESTRUCTURA de acero que apunta al cielo en el exclusivo sector de Bocagrande, en Cartagena, hace evidente el retraso del proyecto Torre de la Escollera, promocionado como el edificio más alto de Colombia y más esbelto del mundo.

Acción Urbana S.A., la firma que desarrollaba el proyecto cuya inversión supera los 10.000 millones de pesos, anunció que entregaría el edificio en septiembre de 2006 pero no cumplió y por razones aún desconocidas se retiró del negocio a comienzos de este año. Los derechos de los compradores fueron cedidos a  Superesculturas Ltda., registrada en la Cámara de Comercio de Cartagena el 9 de agosto del 2006 con un capital de 50 millones de pesos, suma irrisoria en comparación con un negocio que está calculado en cerca de 40.000 millones.

Un vocero de la empresa, vinculada al proyecto desde el comienzo, asegura que se trata de ajustes administrativos para agilizar la ejecución del mega proyecto, pero que Action Hill Holding Group, principal inversionista, responde por el dinero de los clientes.

Los vinculados al proyecto admiten que algunas dificultades han demorado la terminación del edificio, pero niegan que la obra esté paralizada, garantizan la estabilidad financiera e insisten en la importancia del rascacielos como centro de desarrollo urbanístico de la ciudad.

La construcción del edificio de 58 niveles y 200 metros de altura ha enfrentado problemas sólo comparables con su tamaño y es por eso que la llaman "la torre de los escollos".  Pleitos con los vecinos, suspensión temporal de los trabajos por falta de materiales, lluvias, fuertes vientos, tormentas eléctricas y hasta el cierre de las vías por la presencia de visitantes ilustres en Cartagena, son sólo algunos de los tropiezos reportados por los interventores.

Los escollos

Por ejemplo, desde diciembre, los trabajadores no han podido subir a las partes altas de la torre porque en esta época soplan en el Caribe vientos que alcanzan velocidades cercanas a los 130 kilómetros por hora, lo que pone en riesgo la seguridad de los obreros. Y aunque parece absurdo, hasta la inestabilidad política de Ecuador ha repercutido en la obra. Por cuenta de huelgas de trabajadores aduaneros y de movilizaciones indígenas, se ha visto afectada la entrega de piezas de acero compradas a Ospining S.A., una compañía estadounidense que tiene una subsidiaria en el país vecino.

Pero para quienes desarrollan la obra, ni la falta de materiales, ni los vientos fuertes, ni los rayos, ni las tutelas han causado tanto daño como el desconocimiento del proyecto, los celos profesionales y las especulaciones "tendenciosas" de sectores como el del concreto, tradicionalmente privilegiado en la construcción, que podría estar sintiéndose amenazado con el advenimiento de nuevas tecnologías que abren espacio a otros protagonistas.

Frente a interrogantes como el de por qué no se ven entrar y salir obreros y maquinaria, los responsables aseguran que usan técnicas modernas de construcción desconocidas por muchos, que no demandan tanto recurso humano. "En el montaje de la estructura trabajan actualmente ocho hombres, dos de ellos ecuatorianos, con soporte de herramientas tecnológicas del siglo XXI", le dijo a CAMBIO una fuente que conoce el proyecto.

Las críticas no son exclusivas de neófitos en la materia. Por ejemplo, el ingeniero calculista  Jorge Rocha, asesor de la Alcaldía, dice tener las mismas dudas que sus compañeros de gremio sobre la inercia de las columnas instaladas: no se ven los elementos de cierre o riostras que controlen los movimientos laterales, lo que podría llevar a que el edificio, si es  terminado, se mueva como un peligrosopéndulo. Para estudiar el tema, Rocha recomendó a la Alcaldía que pida a la Curaduría Urbana No.1, que otorgó la licencia de construcción, un juego de planos para hacer las verificaciones del caso.

Acción Urbana atribuye el problema a que "es un proyecto arquitectónico revolucionario para nuestro medio y entre los encargados de hacer el control por parte del Distrito, no hemos encontrado interlocutores con nivel técnico válido".  Y según la curadora Escarly León, que otorgó la licencia a Action Hill, el proyecto cumple con todos los requisitos de sismo-resistencia contemplados en las normas y en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT), y afirma que las copias de los planos fueron remitidas a la Oficina de Planeación, encargada por ley de hacer el seguimiento y control de las obras, facultad que fue delegada después a las alcaldías menores.

La firma interventora estima que, no obstante los problemas, el edificio estará terminado en el primer semestre de 2008. La pregunta es si los que ya invirtieron en el proyecto podrán seguir esperando sin ver afectados sus bolsillos.

No es gratuita la preocupación de algunos propietarios, que la empresa constructora desestima, por la ausencia de una fiducia inmobiliaria que garantice la inversión ante cualquier contingencia. "Casi nadie construye en Cartagena con fiducia inmobiliaria, no somos los únicos", aseguran los voceros de Superesculturas Ltda., firma a la que Action Hill le trasladó los contratos de compraventa.

Aseguran, además, que Action Hill tiene capital suficiente para responder, que llegaron hace rato al punto de equilibrio, que han vendido el  60% del proyecto. Pero algo diferente piensan algunos conocedores del proceso que aseguran que hay problemas de administración y que si los socios no replantean el esquema, admiten los errores y se dan la pela sacrificando utilidades y acudiendo a los bancos como la mayoría de los constructores, las consecuencias serán negativas.

El lema para vender la Torre de la Escollera es: "Su oasis en las alturas y Cartagena de Indias a sus pies". Un oasis que para muchos es hasta ahora sólo un espejismo.

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