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Los escollos
Por ejemplo, desde diciembre, los trabajadores no han podido subir a las partes altas de la torre porque en esta época soplan en el Caribe vientos que alcanzan velocidades cercanas a los 130 kilómetros por hora, lo que pone en riesgo la seguridad de los obreros. Y aunque parece absurdo, hasta la inestabilidad política de Ecuador ha repercutido en la obra. Por cuenta de huelgas de trabajadores aduaneros y de movilizaciones indígenas, se ha visto afectada la entrega de piezas de acero compradas a Ospining S.A., una compañía estadounidense que tiene una subsidiaria en el país vecino.
Pero para quienes desarrollan la obra, ni la falta de materiales, ni los vientos fuertes, ni los rayos, ni las tutelas han causado tanto daño como el desconocimiento del proyecto, los celos profesionales y las especulaciones "tendenciosas" de sectores como el del concreto, tradicionalmente privilegiado en la construcción, que podría estar sintiéndose amenazado con el advenimiento de nuevas tecnologías que abren espacio a otros protagonistas.
Frente a interrogantes como el de por qué no se ven entrar y salir obreros y maquinaria, los responsables aseguran que usan técnicas modernas de construcción desconocidas por muchos, que no demandan tanto recurso humano. "En el montaje de la estructura trabajan actualmente ocho hombres, dos de ellos ecuatorianos, con soporte de herramientas tecnológicas del siglo XXI", le dijo a CAMBIO una fuente que conoce el proyecto.
Las críticas no son exclusivas de neófitos en la materia. Por ejemplo, el ingeniero calculista Jorge Rocha, asesor de la Alcaldía, dice tener las mismas dudas que sus compañeros de gremio sobre la inercia de las columnas instaladas: no se ven los elementos de cierre o riostras que controlen los movimientos laterales, lo que podría llevar a que el edificio, si es terminado, se mueva como un peligrosopéndulo. Para estudiar el tema, Rocha recomendó a la Alcaldía que pida a la Curaduría Urbana No.1, que otorgó la licencia de construcción, un juego de planos para hacer las verificaciones del caso.
Acción Urbana atribuye el problema a que "es un proyecto arquitectónico revolucionario para nuestro medio y entre los encargados de hacer el control por parte del Distrito, no hemos encontrado interlocutores con nivel técnico válido". Y según la curadora Escarly León, que otorgó la licencia a Action Hill, el proyecto cumple con todos los requisitos de sismo-resistencia contemplados en las normas y en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT), y afirma que las copias de los planos fueron remitidas a la Oficina de Planeación, encargada por ley de hacer el seguimiento y control de las obras, facultad que fue delegada después a las alcaldías menores.
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