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Para responder a los supuestos reclamos de la comunidad, las Águilas Negras advierten: "De hoy en adelante no queremos encontrar después de las 10:00 p.m. a hombres y mujeres borrachos, ni vagos, ni niños por las calles de estos barrios. No queremos escándalos ni música en las casas que perturben la tranquilidad".
La ley del terror
El miedo se tomó las calles y la ley del silencio se impuso como norma. Los habitantes sienten miedo y prefieren callar y no hablar del tema. "Hay zozobra entre la comunidad pero nadie quiere hablar sobre lo que está pasando -le dijo a CAMBIO Marta Maldonado, presidenta de la junta de Acción Comunal de las comunas 9 y 10-. La situación es preocupante pero debemos ser más prudentes hasta cuando terminen las investigaciones. De todas maneras, es necesario que las autoridades tomen cartas en el asunto ".
Los habitantes de esos barrios creen a pie juntillas en que el comunicado es de las Águilas Negras, pero el comandante de la Policía de Norte de Santander, coronel José Humberto Henao, tiene dudas, pues según él hay delincuentes que se aprovechan del nombre para sembrar el terror en la ciudad. "Aquí no pasan las cosas que muchos dicen que ocurre -afirma el oficial-. Hemos hecho los mayores esfuerzos para reducir todo tipo de delitos. Saquen ustedes sus conclusiones". Según las estadísticas, los homicidios bajaron de 157 en 2005 a 139 en 2006, pero hurtos a residencias, personas y comercio crecieron: pasaron de 223 en 2005 a 300 en 2006. Además, el coronel Henao destacó los esfuerzos de las autoridades que han capturado en el último año a 74 integrantes de esos nuevos grupos.
No obstante las capturas y la disminución de los homicidios, algunas fuentes consultadas por CAMBIO aseguran que negar la presencia nuevos grupos paramilitares como las Águilas Negras en el departamento y en Cúcuta, es tapar el sol con las manos, y que es posible que el descenso en el número de muertes violentas no sólo se deba a la acción de las autoridades, sino también, como ha sucedido en Medellín, al férreo control que ejercen los paramilitares sobre algunos sectores.
La existencia de las Águilas Negras es real y el hecho de que las autoridades lo nieguen no desparece el problema. La pregunta es si en Norte de Santander y en Cúcuta las autoridades están en capacidad y tienen la voluntad que antes no tuvieron para impedir que tomen fuerza los herederos de los paramilitares que sembraron de horror y muerte la región.
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