Por la boca...

Araújo con el embajador venezolana Bernardo Álvarez y Carolina Barco, horas antes del regaño de Chávez. Foto: Cortesía Cancillería.

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A LAS SEIS DE LA TARDE del lunes pasado, cuando el avión de American Airlines procedente de Miami en el que iba Fernando Araújo tocó tierra en el Ronald Reagan National Airport de Wa-shington, la visita del Canciller de Colombia pintaba de película. Pocas veces un ministro de Relaciones Exteriores había tenido una agenda tan bien diseñada. No era sólo porque iba a ser recibido por la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, o por el consejero de Seguridad Nacional, Stephen Hadley, sino porque estaba prevista una reunión conjunta con los representantes a la Cámara demócratas Charles Rangel y Sander Levin, que en plata blanca son los dos congresistas de los que depende la aprobación del Tratado de Libre Comercio.

A la mañana siguiente, martes de 20 de mayo, la visita arrancó con pie derecho. Araújo desayunó en la Embajada con los asesores (staffers) de Nancy Pelosi, que como presidenta de la Cámara de Representantes es la tercera en la línea del poder en Estados Unidos y que como demócrata es el símbolo de la nueva mayoría en el Capitolio. A renglón seguido se fue a dictar una conferencia organizada por el Consejo de las Américas, un prestigioso think tank que apoya a Colombia. La charla iba a tener lugar en la Fundación Carnegie, otro instituto de pensamiento muy famoso, situado en la Massachussets Avenue a escasas dos cuadras de la Embajada.

El auditorio estaba repleto y el Canciller leyó un emotivo discurso en inglés. Primero habló de la importancia de las relaciones con Washington y de lo claves que son la aprobación de la segunda etapa del Plan Colombia y del Tratado de Libre Comercio. Y luego contó experiencias de su secuestro para terminar haciéndole un homenaje a un soldado que murió durante el operativo de su liberación el 31 de diciembre y relatando cómo muchos jóvenes inocentes acaban metidos en la guerrilla porque les lavan el cerebro. Hubo un sentido aplauso.

Después vinieron las preguntas y se complicó la cosa. María Helena Mateus, la corresponsal del diario El Universal de Caracas, le pidió al Canciller que explicara cómo pensaba trabajar con Venezuela para luchar mancomunadamente contra el narcotráfico y el secuestro. Entonces el Ministro, con un inglés algo limitado pero mostrando una admirable seguridad en sí mismo, respondió que a los dos países los unen "lazos históricos"; que los colombianos "queremos tener la mejor relación con Venezuela, con la que hay un comercio por 2.500 millones de dólares al año", y que estaba "seguro de que tendremos éxito en ese propósito". Enseguida, y con la mejor intención del mundo, mencionó a Chávez. Dijo que lo había conocido cuando el Presidente no se había posesionado aún para su primer periodo y cuando Araújo era ministro de Desarrollo de Pastrana. "Y tuvimos una afinidad personal", añadió.

Pero agregó enseguida: "Y cuando estuve con la guerrilla en la selva pude leer una biografía del presidente Chávez y oír por radio muchos de sus programas Aló, presidente, pues la guerrilla de las Farc tiene enorme admiración por él. Él, creo yo, es el líder ideológico de la guerrilla colombiana". 

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Una salida en falso del nuevo canciller Fernando Araújo en EE.UU. enturbió las relaciones entre Bogotá y Caracas.