(Página 1 de 2)
DISPUESTO A HONRAR la tradición de su raza, para la que el crimen no tiene perdón, un líder indígena Wayúu siguió durante más de dos años las huellas de Jairo Alfonso Samper Cantillo, el paramilitar que sembró el terror en las rancherías de Shapá, Guamayaito, Tutu, Mashop, Annamana, en la Alta Guajira, y asesinó a 200 de sus hermanos.
La búsqueda febril terminó el 28 de febrero, cuando el rastreador les señaló a hombres de las Fuerzas Especiales del Ejército el sitio exacto donde se encontraba su objetivo: una casa del barrio Ciudad Salitre de Soledad, municipio del área metropolitana de Barranquilla.
El proceso de identificación de Samper, conocido dentro del bloque norte de las autodefensas como Lucho, supuso un recorrido por las páginas de su prontuario, escrito con sangre. Como tercero al mando de la organización que dirigió Jorge 40, este hombre desató, durante 2002 y 2004, una campaña de exterminio entre comerciantes de Maicao, indígenas y ganaderos que se oponían a los planes expansivos de las Auc o se negaban a despejar sus territorios para facilitar el tráfico de armas y cocaína a gran escala.
Familias enteras desaparecieron bajo su imperio criminal. Con base en las pruebas aportadas por el rastreador y por otras víctimas, la Fiscalía le imputará formalmente las masacres de los Paz Jusayú, los González Gouriyú, los Jusayú Pushaina, los Romero de Epinayú, los Boscan Ortiz, los Boscan Ospino y los Boscan Bonivento.
Su última estratagema para eludir a quienes lo buscaban consistió en anunciar a los cuatro vientos su desmovilización. Sin embargo, cuando la presión de las autoridades cedió, él decidió armar tolda aparte y creó una retaguardia que pretendía conservar el dominio territorial conseguido por 40 en La Guajira. Siguió ejerciendo una fuerte influencia sobre empresas productivas que estaban en la mira de los paramilitares, entre ellas la planta de abastecimiento de combustible llamada Awatayacoop, la cual tiene en la actualidad el negocio de la gasolina que llega desde Venezuela hasta el municipio de Maicao.
Con 86 años, Rafael Darío Valverde está a punto de ingresar al 'Guinness' como el marinero activo más antiguo del mundo.