Marzo 10 de 2007

Más ruido que nueces

La visita de George W. Bush a Colombia es importante, pero la suerte de los temas claves para el país todavía está por definir.

ERA UN BUEN DÍA para despegar de Washington, en lo que al clima concierne. A escasas dos semanas de la primavera, la capital norteamericana era víctima de una intensa ola de frío que a muchos les hacía añorar ambientes más cálidos. Por eso cuando el jueves pasado el Boeing 747 de colores blanco y azul, más conocido como el Air Force One, se elevó de la base aérea de Andrews llevando en su interior al presidente de los Estados Unidos, George W. Bush y a su comitiva, no faltó quién se alegrara de viajar al sur.

Pero más allá de poder usar ropa más ligera y de los resultados predecibles de la gira emprendida por Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México, así como del valor simbólico de la misma, existe una creciente inquietud entre los interesados en torno a la suerte de América Latina, como consecuencia de las circunstancias políticas internas en los Estados Unidos. La razón es la aparición de fuerzas cada vez más antagónicas que tienen puestos sus ojos en quién llegará como nuevo inquilino a la Casa Blanca en un par de años, motivo por el cual temas complejos pueden tornarse todavía más difíciles.

Así lo tienen claro los especialistas en Colombia. Aunque el país es considerado un aliado ejemplar tanto en la administración republicana, como en el Congreso de mayoría demócrata, eso no garantiza el éxito de las propuestas que le interesan. "Aquí ustedes tienen los mejores amigos, pero eso no quiere decir que Álvaro Uribe vaya a recibir un cheque en blanco", le dijo a CAMBIO en Washington Michael Shifter, vicepresidente del Diálogo Interamericano, la entidad más prestigiosa dentro de las que estudian la región en esa capital.

Dos temas

Si bien el campo de las relaciones entre los dos países es amplio y variado, los temas centrales son dos: la ayuda norteamericana que comenzó a tener cifras cuantiosas desde el nacimiento del Plan Colombia a finales de la década pasada y la aprobación del Tratado de Libre Comercio, cuya negociación terminó en 2006, pero que debe ser ratificado por los congresos de ambas naciones para entrar en vigencia.

En el caso de la primera todo sugiere una relativa tranquilidad. "El caso colombiano es considerado una historia de éxito para la política exterior de los Estados Unidos. Por lo tanto, nadie quiere ser responsable de un retroceso por cuenta de un posible recorte de fondos", explicó Shifter. Si bien entre republicanos y demócratas existe el debate sobre si la ayuda debería tener un mayor o un menor componente militar, son pocos quienes ponen en duda que cuando el Congreso mire el tema a mediados del año, lo haga con ojos favorables. Desde un comienzo, la suma destinada al país ha oscilado en cercanías de los 600 millones de dólares al año, con leves picos y caídas .

En contraste, el TLC no las tiene todas consigo. "Este es un tema a decidirse entre el Congreso y la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos", conocida como USTR, afirmó el miércoles pasado Charles Rangel, presidente del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes, la puerta obligatoria de entrada del acuerdo. "Es algo con lo cual no tiene nada que ver el Gobierno colombiano", agregó.

Para entender las razones de esa declaración es necesario remontarse a las elecciones parlamentarias de noviembre pasado, cuando los demócratas retomaron al cabo de más de una década el control de ambas cámaras en el Congreso norteamericano. Aunque pocos dudan de que la creciente impopularidad de la guerra en Iraq fuera determinante para millones de votantes, el tema de los tratados de libre comercio no es muy bien visto. En ciertas zonas de mayoría demócrata existe la percepción de que este tipo de acuerdos conducen al cierre de plantas industriales o de compañías que trasladan sus operaciones a los países al sur de la frontera, con lo cual se pierden miles de empleos.

Como respuesta a esta situación, los demócratas han exigido que los tratados comerciales que lleguen para ser aprobados, dentro de los cuales están los de Colombia, Perú, Panamá y Corea del Sur, contengan un compromiso en materia laboral, relacionado con cinco puntos específicos: respetar el derecho de asociación, el de organizarse colectivamente, combatir el trabajo forzado, el infantil y luchar contra la discriminación racial, religiosa o de género. Todo esto vendría acompañado de un sistema de monitoreo y de castigo ante eventuales incumplimientos lo cual implicaría volver a revisar lo negociado o firmar un texto adicional que acompañaría el tratado original. "Estamos trabajando en construir un amplio acuerdo bipartidista", le explicó a CAMBIO el embajador John Veroneau, número dos del USTR, quien en su momento firmó el TLC en representación de los Estados Unidos. "Queremos movernos tan rápido como sea posible", señaló.

La posibilidad de cambios ocurre en un ambiente enrarecido. Cuando el Congreso de los Estados Unidos, en ese entonces de mayoría republicana, aprobó el TLC firmado con algunos países de Centroamérica el año pasado, la votación fue muy estrecha. Como si lo anterior fuera poco las precandidaturas de quienes aspiran a suceder a George W. Bush en el cargo ya comenzaron, con nombres tan conocidos como el del ex alcalde de Nueva York Rudy Giuliani entre los republicanos y los senadores Barack Obama y Hillary Clinton entre los demócratas. "Este no es un año de elecciones, pero sí es un año electoral", sostuvo Michael Shifter.

La estrategia

Con el viento en contra para el TLC, los escándalos en torno a la llamada parapolítica tampoco han ayudado. Algunos de los congresistas más radicales han dicho que esto se suma a las dudas que ya tenían, pues pone en entredicho al gobierno de Álvaro Uribe. "Existe la posibilidad de premiar a Colombia con la aprobación de la ayuda, pero al mismo tiempo castigarla, ya sea demorando o posponiendo el TLC", sostuvo Peter Hakim, presidente del Diálogo Interamericano.

Por esa razón, la estrategia colombiana es la de de formar parte de un club. En este caso, la intención es que el Congreso estudie y vote al mismo tiempo los TLC de Panamá y Perú, junto con el del país. "En la unidad está la fuerza", anotó al respecto la embajadora de Colombia en Washington, Carolina Barco. Bajo esa lógica, la discusión se concentraría en los temas generales de cada acuerdo y no en las particularidades de los diferentes países. Además, resulta más difícil cerrarle la puerta a tres gobiernos aliados y no a uno.

La manera en que resulten las cosas se definirá en las próximas semanas. Aunque el embajador Veroneau fue enfático en afirmar que "no hemos hablado todavía con el Congreso sobre los asuntos de secuencia y tiempos", otros expertos consultados por CAMBIO insistieron en que el TLC debería ser votado antes de que termine el semestre, pues de lo contrario el tema electoral será más intenso. Adicionalmente, a mediados del año vencen para el país las preferencias arancelarias contenidas en la Ley ATPDEA que fue prorrogada por seis meses por el Legislativo norteamericano en diciembre pasado.

En medio de esta carrera contra el tiempo, existe una carta sobre la cual pocos quieren hablar, aunque nadie desconoce. Se trata de la actitud de Venezuela en donde el presidente Hugo Chávez  ha adoptado el papel de anti-Bush, como lo demostró la semana pasada al llegar a Buenos Aires en gira. A este respecto, José Miguel Vivanco, director de Director de Human Rights Watch en Washington, una entidad que ha sido crítica del gobierno de Álvaro Uribe, sostuvo que éste "y sus representantes han sido tan inteligentes en sus esfuerzos por influir en la política exterior de la administración Bush que cada vez que vienen, hablan de Venezuela". Y agregó: "La Casa Blanca ha optado por el modelo clásico en política exterior de los Estados Unidos que es la de subordinar sus intereses a aquello que les parece más urgente".

Si la actitud de Caracas acaba determinando que el TLC resulte aprobado, o si al contrario las diferencias entre demócratas y republicanos hacen que fracase la iniciativa, es algo que se sabrá en pocos meses. Por ahora lo cierto es que Colombia sigue a la expectativa y no las tiene todas consigo, a pesar de haber sido aliado incondicional de la Casa Blanca en estos últimos años. "La ventana se está cerrando y aunque las probabilidades están ligeramente a favor del acuerdo comercial, cada día que pasa juega en contra de las aspiraciones del gobierno colombiano", concluyó Michael Shifter.  

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