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En contraste, el TLC no las tiene todas consigo. "Este es un tema a decidirse entre el Congreso y la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos", conocida como USTR, afirmó el miércoles pasado Charles Rangel, presidente del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes, la puerta obligatoria de entrada del acuerdo. "Es algo con lo cual no tiene nada que ver el Gobierno colombiano", agregó.
Para entender las razones de esa declaración es necesario remontarse a las elecciones parlamentarias de noviembre pasado, cuando los demócratas retomaron al cabo de más de una década el control de ambas cámaras en el Congreso norteamericano. Aunque pocos dudan de que la creciente impopularidad de la guerra en Iraq fuera determinante para millones de votantes, el tema de los tratados de libre comercio no es muy bien visto. En ciertas zonas de mayoría demócrata existe la percepción de que este tipo de acuerdos conducen al cierre de plantas industriales o de compañías que trasladan sus operaciones a los países al sur de la frontera, con lo cual se pierden miles de empleos.
Como respuesta a esta situación, los demócratas han exigido que los tratados comerciales que lleguen para ser aprobados, dentro de los cuales están los de Colombia, Perú, Panamá y Corea del Sur, contengan un compromiso en materia laboral, relacionado con cinco puntos específicos: respetar el derecho de asociación, el de organizarse colectivamente, combatir el trabajo forzado, el infantil y luchar contra la discriminación racial, religiosa o de género. Todo esto vendría acompañado de un sistema de monitoreo y de castigo ante eventuales incumplimientos lo cual implicaría volver a revisar lo negociado o firmar un texto adicional que acompañaría el tratado original. "Estamos trabajando en construir un amplio acuerdo bipartidista", le explicó a CAMBIO el embajador John Veroneau, número dos del USTR, quien en su momento firmó el TLC en representación de los Estados Unidos. "Queremos movernos tan rápido como sea posible", señaló.
La posibilidad de cambios ocurre en un ambiente enrarecido. Cuando el Congreso de los Estados Unidos, en ese entonces de mayoría republicana, aprobó el TLC firmado con algunos países de Centroamérica el año pasado, la votación fue muy estrecha. Como si lo anterior fuera poco las precandidaturas de quienes aspiran a suceder a George W. Bush en el cargo ya comenzaron, con nombres tan conocidos como el del ex alcalde de Nueva York Rudy Giuliani entre los republicanos y los senadores Barack Obama y Hillary Clinton entre los demócratas. "Este no es un año de elecciones, pero sí es un año electoral", sostuvo Michael Shifter.
La estrategia
Con el viento en contra para el TLC, los escándalos en torno a la llamada parapolítica tampoco han ayudado. Algunos de los congresistas más radicales han dicho que esto se suma a las dudas que ya tenían, pues pone en entredicho al gobierno de Álvaro Uribe. "Existe la posibilidad de premiar a Colombia con la aprobación de la ayuda, pero al mismo tiempo castigarla, ya sea demorando o posponiendo el TLC", sostuvo Peter Hakim, presidente del Diálogo Interamericano.
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