Si del debate Gaviria-Samper-Serpa surge el juicio político pendiente, el rifirrafe no habrá sido en vano.
AL FINAL DE LA SEMANA y tras 10 días de declaraciones, cartas cruzadas y argumentos de ida y vuelta, el público quedó convencido de que la discusión interna del Partido Liberal sobre el proceso 8.000, 11 años después de ocurrido el escándalo, fue una especie de "Tongo le dio a Borondongo, Borondongo le dio a Bernabé". Y es que, en resumidas cuentas, la pelea no produjo ganadores y, por el contrario, sólo dejó heridos, todos ellos liberales.
Pero esta apreciación puede ser equivocada. Más allá del ruido que causaron las frases altisonantes intercambiadas entre el jefe del Partido, el ex presidente César Gaviria, el tres veces candidato oficial, Horacio Serpa, y el ex presidente Ernesto Samper, adobadas por intervenciones del ex ministro Rafael Pardo, el ex candidato Rodrigo Rivera y los senadores Juan Fernando Cristo, Piedad Córdoba y Cecilia López, entre otros, la verdad es que, al menos entre Gaviria y Serpa, hubo un intercambio conceptual que vale la pena rescatar.
Claro que los titulares de los medios cogieron por el camino más estrepitoso: el de las frases del rifirrafe. Que Gaviria dijo que "el liberalismo (...) no puede salir en defensa política" de la interpretación de Samper y Serpa en el sentido de que los fallos judiciales que los favorecieron zanjaron cualquier discusión. Que Serpa ripostó que no le había pedido ni a Gaviria "ni a nadie en el Partido, que me defienda" y acusó al ex mandatario de desconocer "el Estado de Derecho". Que Samper, distanciado de Serpa pero cercano a él en esta lectura de las palabras de Gaviria, consideró inaceptable que éste desconociese "políticamente fallos de la Justicia".
Lo mejor para entender qué pasó es dejar de lado el ruido de la frases y quedarse sólo con los argumentos. ¿Qué fue lo que dijo Gaviria? Antes de contestar la pregunta conviene explicar por qué se pronunció. Horas después del llamado "boterazo", el jefe único del liberalismo fue sometido a una doble presión. Por un lado, dirigentes serpistas le exigían que saliera en defensa de Serpa, ex candidato del Partido, e incluso, del ex presidente Samper. Y por el otro, líderes de la línea renovadora planteaban la necesidad de que el liberalismo no resultase afectado con las revelaciones de Botero, lo que implicaba tomar distancia y dejar que Serpa y Samper se defendieran solos.
Para los serpistas, el principal promotor de esta última línea fue el presidenciable Rafael Pardo, quien más allá de si es culpable o inocente de ese señalamiento, lo que hizo fue hablar claro y directo al recordar que él y otros dirigentes que hoy están de regreso en el liberalismo se separaron del Partido por cuenta del proceso 8.000. El hecho es que, después de dudarlo mucho, Gaviria finalmente decidió hablar y produjo el comunicado del viernes 16, mucho más inclinado por la segunda línea que por la primera, en el que recordaba el daño hecho por el 8.000 a la colectividad roja y agregaba que, en consecuencia, no saldría en defensa de Samper y Serpa.
Serpa se demoró cuatro días en responder, pero el martes 20, además de quejarse por la declaración de Gaviria, anunció en carta al jefe liberal que renunciaría a la prescripción de su caso y pediría al Fiscal General que reabriera la indagación en su caso. Menos de 24 horas después, Gaviria produjo una nueva carta en la que, además de una mayor elaboración argumental que en el comunicado del 16, se destacaba el tuteo para dirigirse a Serpa.
"He visto que coincidimos en que el proceso 8.000 le hizo mucho daño al liberalismo. Como tú lo afirmas fue un hecho vergonzoso. Lo cometieron individuos y no el liberalismo. Es claro que entonces no se hizo un deslinde de responsabilidades. Eso fue un error histórico que hoy debemos enmendar."
¿Qué significa esa última frase? Lo explica una anterior en la misma misiva: "Que yo recuerde, nadie entonces diferenció entre las responsabilidades judiciales y las responsabilidades políticas". De hecho, el entonces presidente de la Cámara, Rodrigo Rivera, quien presidía el debate sobre si Samper debía o no ser llamado a juicio, pidió ese deslinde y fue derrotado por la mayoría samperista .
Gaviria fue más lejos en ese punto el jueves 22 en La W, cuando recordó que, tras la fuga de Pablo Escobar, él mismo asumió la responsabilidad política y se sometió a la evaluación de esa responsabilidad por parte de una comisión accidental creada en el Congreso. Además, el ex presidente citó el caso del canciller alemán Willy Brandt, quien en los años 70 dejó su cargo cuando los servicios de seguridad descubrieron que su Secretario Privado era espía de la Alemania comunista de entonces, la RDA.
¿Quiso decir Gaviria con esto que Samper debió haber renunciado? No necesariamente, aunque muchos podrían interpretar así la mención del caso Brandt. Más allá de ese punto, lo cierto es que, por primera vez, el Jefe del Partido Liberal deja por sentado que desde 1996, cuando Serpa y Samper fueron judicialmente exonerados, el juicio de responsabilidades políticas está pendiente. Y en ello, Gaviria fue apoyado por el grueso de los dirigentes liberales, no sólo Pardo y Rivera, sino también Cecilia López y, a su modo, Juan Fernando Cristo, mano derecha de Samper durante su gobierno, por años compañero de Serpa en su aspiración presidencial y hoy vocero de la bancada liberal en el Congreso.
Cristo recogió la frase de Gaviria en el sentido de que el Partido Liberal no puede asumir la responsabilidad política por el 8.000, de donde es posible deducir, aunque el Senador no lo diga, que los responsables de la época -¿Samper y Serpa, entre otros?- deben hacerlo. Si de todo el cruce de dobles y mandobles queda al menos la necesidad de, como dijo Gaviria "enmendar el error histórico" de no haber hecho el juicio político por el 8.000, el debate no habrá sido en vano. De hecho, como lo demostraron las entrevistas de Botero hace dos semanas, mientras ese juicio siga pendiente, enterrar el 8.000 será imposible para Serpa y, sobre todo, para Samper.