La captura del ex director del Das, Jorge Noguera, comienza a darles la razón a quienes señalaron al organismo de estar al servicio de los paramilitares.
"DOCTOR JORGE NOGUERA: las pruebas que pesan en su contra son más fuertes que sus explicaciones. Me da pena pero a partir de este momento usted queda a disposición de los miembros del CTI que lo conducirán a un lugar de reclusión".
Estas palabras, pronunciadas en tono grave y seguro por el fiscal delegado ante la Corte Suprema de Justicia, Jesús Antonio Marín, sellaron la suerte, el jueves pasado, del ex director del DAS Jorge Noguera Cote.
Después de escuchar la drástica decisión judicial, el ex funcionario palideció, agachó la cabeza y solo atinó a preguntar: "Señor fiscal, ¿acaso mis explicaciones no fueron suficientes para evitar esta determinación?". Marín no respondió la pregunta y dijo a Noguera que tenía derecho a usar el teléfono para comunicarse con su familia.
Pocos minutos después, Noguera fue recluido en una de las celdas del búnker de la Fiscalía, mientras la noticia de su captura le daba la vuelta al mundo. De esta manera, se cerró el primer capítulo de un escándalo que ha envuelto a lo largo de los últimos meses al organismo que tiene bajo su responsabilidad la seguridad del Estado y que ha puesto en el ojo del huracán la Política de Seguridad Democrática del Gobierno.
Tras su forzoso retiro del DAS en octubre de 2005, Noguera fue acusado de diversos delitos, entre ellos celebración indebida de contratos, desaparición de antecedentes de paramilitares, asesinato de sindicalistas y nexos con las autodefensas. Esas sindicaciones lo obligaron posteriormente a renunciar al consulado en Milán, Italia, a donde había sido enviado por el presidente Álvaro Uribe por razones de seguridad.
Una de esas investigaciones, relacionada con el comportamiento irregular de Noguera en una operación de extinción de dominio de propiedades del comandante del bloque Tayrona de las Auc, Hernán Giraldo, en la Sierra Nevada de Santa Marta, desencadenó la orden de captura en su contra.
Según consta en el voluminoso expediente, en desarrollo de la Operación Ciclón, en 2003, el entonces director del DAS ordenó en forma sospechosa el regreso inmediato a Bogotá de Sigifredo Puentes, entonces director de delitos financieros, quien había sido designado por la entidad para adelantar las ocupaciones al lado de la Policía y el Ejército.
Puentes cumplió la orden a regañadientes, pero se demoró en regresar a Bogotá. Por esa razón, Noguera, fuera de sus casillas, lo trasladó a la seccional del DAS en Arauca.
El episodio fue conocido en el círculo más cercano a Noguera en el DAS donde causó extrañeza, pero no trascendió a los medios de comunicación y mucho menos al Gobierno y a la Fiscalía.
La versión de Puentes fue confirmada a los investigadores por el ex jefe de informática del DAS Rafael García, quien ha insistido en diferentes declaraciones en la Fiscalía y en la Corte Suprema de Justicia que Noguera estaba al servicio de los bloques Tayrona y Norte de las Auc, comandados por Hernán Giraldo y Jorge 40.
En los registros de ingreso de personas al DAS, la Fiscalía confirmó una versión de García en el sentido de que el enlace entre esas organizaciones al margen de la ley y Noguera era Álvaro Pupo Castro, primo de Jorge 40, quien hacía las veces de correo. Según el testimonio, Pupo viajaba a Bogotá y se reunía en el despacho de Noguera. En los libros de visitas de la dirección del organismo de seguridad, la Fiscalía encontró al menos nueve ingresos de Pupo entre agosto de 2003 y octubre de 2005.
Pero la Fiscalía no solo les dio crédito a las declaraciones de Puentes y García. En medio de las inspecciones judiciales apareció el testimonio del ex jefe de Protección del DAS, Rodolfo Benítez, quien les reveló a los investigadores que Jorge Noguera no solo intercedió a favor de Hernán Giraldo sino que les prestó colaboración a las Autodefensas en otros episodios.
Testigos clave
Los testimonios de Puente, García y Benítez, que en su momento fueron desvirtuados en forma vehemente por Noguera, empiezan a darle forma a una acusación sólida de la Justicia contra un hombre que siempre gozó del respaldo del Presidente de la República.
Al avalar las declaraciones de estos tres testigos y al recopilar una enorme cantidad de documentos, la Fiscalía les da credibilidad a episodios que en su momento fueron conocidos por la opinión pero que no tuvieron la fuerza necesaria para que la Justicia iniciara un expediente contra Noguera.
Por esa razón es previsible que la situación del controvertido y polémico funcionario tienda a enredarse aún más porque existen decenas de episodios en los que apareció mencionado, que lo relacionaban de una u otra manera con las autodefensas.
A manera de ejemplo, Noguera deberá explicar con más fuerza sus frecuentes encuentros con Jorge 40 en la Sierra Nevada de Santa Marta; por qué le entregó a ese jefe paramilitar, y, para su uso personal, un vehículo blindado asignado al Presidente de la República; por qué permitió la desaparición de los antecedentes judiciales de varios jefes paramilitares; hasta dónde estuvo enterado de la manipulación de las votaciones en la campaña presidencial de 2002 y qué mensajes privados le enviaba a Jorge 40 a través de Pupo y de Rafael García, su jefe de informática y amigo personal.
Así las cosas, la Fiscalía acaba de darles a los opositores del Presidente una razón más para justificar sus acusaciones en el sentido de que algo muy grave ocurrió en el DAS durante el tiempo en que Jorge Noguera se desempeñó como director. Habrá que esperar qué tanto va a excusar a Uribe la opinión pública nacional e internacional, ahora que se ha mostrado dispuesto a reconocer, si la Justicia condena a Noguera algo que puede tardar varios años, que se equivocó con ese nombramiento.