Investigan a David Murcia: lanzó un canal de TV que no funciona y capta dinero con intereses al 50% mensual en zonas de narcotráfico.
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HASTA OCTUBRE DE 2006, David Murcia Guzmán era un hombre prácticamente desconocido para el mundo de la farándula. Sin embargo, se convirtió en comidilla cuando lanzó, con bombos y platillos, el canal de televisión Body Channel.
Murcia quería causar buena impresión y para hacer más espectacular la inauguración del canal, invitó a por lo menos 300 personas para que pasaran tres días en el hotel Irotama de Santa Marta, con todos los gastos pagados. Entre los invitados, algunos de ellos de Venezuela, México y Estados Unidos, estaban los diseñadores de moda colombianos como Páez y Minaya, Ana María Dávila, Alfredo Barraza y el estilista Germán Palomino, conocidas modelos y algunos presentadores de televisión. La ostentación y el derroche de riqueza llamaron la atención de los invitados, pero no opacaron la presencia de Alicia Machado, la venezolana que fue Miss Universo y quien fue la estrella del evento.
A partir de ese momento, Murcia quedó en la mira de algunos medios de comunicación y de organismos de Inteligencia y entidades de control que, por diferentes canales, habían recibido información sobre movimientos sospechosos del empresario. Movimientos de capital de empresas relacionadas con el Grupo DMG S.A., una multinacional constituida por Murcia el 8 de abril de 2005 con activos superiores a 1.200 millones de pesos.
A través de Internet, el Grupo DMG, que se presentaba como "una holding con proyección internacional", promociona sus empresas de cosméticos, centros de estética, venta de pollos y una comercializadora de motocicletas. En su portafolio aparece también una constructora sin proyectos conocidos y el canal de televisión Body Channel, creados el 11 de marzo de 2006 con activos superiores a 600 millones de pesos.
Las alarmas se prendieron aún más cuando algunos empleados del canal comenzaron a hacer comentarios en el sentido de que los directivos de Body Channel pagaban millonarios salarios en efectivo aun sin haber emitido programas. Pero, además, los investigadores descubrieron que a pesar de tener su sede en Bogotá, el 50% de las actividades del Grupo DMG se desarrollaba en lugares remotos con notoria influencia de narcotráfico y guerrilla, como Orito, La Hormiga, Puerto Asís y Villagarzón en Putumayo; Granada, Meta y Llorente, Nariño.
Tras las pistas
Dos comisiones separadas de investigadores viajaron a esos lugares y constataron que mucha gente acudía a la sede de DMG que prácticamente funcionaba como un banco, pues captaba dinero del público y pagaba hasta 50% de intereses mensuales. Los investigadores no lo podían creer. "Es imposible que una empresa que no tiene condición de entidad financiera capte recursos públicos a semejantes intereses sin que haya algo raro detrás", le dijo a CAMBIO uno de ellos. Cuando analizaron los antecedentes patrimoniales de Murcia, se dieron cuenta de que su riqueza no se reflejaba en los registros a su nombre en la Dian.
Al mismo tiempo, otra investigación estaba en marcha. A mediados de 2006, a la Superintendencia Financiera llegaron varias cartas de personas que pedían que certificara si el Grupo DMG S.A. estaba vigilado por la entidad. Según una de ellas, en las sedes de esa empresa en Putumayo recibían dinero a intereses que excedían hasta en 50 veces los que paga un banco.
Funcionarios de la Superintendencia entraron en la página web de la compañía y descubrieron que un locutor promocionaba la captación de dinero a través de tarjetas inteligentes. Por eso, una comisión de la entidad realizó una visita a DMG, pero los abogados y contadores de Murcia se negaron a mostrar la contabilidad con el argumento de que la empresa no estaba sujeta a la vigilancia de la Superfinanciera.
Por su parte, la Unidad de Inteligencia y Análisis Financiero, Uiaf, del Ministerio de Hacienda produjo un reporte de "operación sospechosa" de la cuenta 20328382591 de Bancolombia, abierta el 15 de septiembre de 2006 a nombre de Body Channel. La Uiaf encontró que sus movimientos superaban el límite de operaciones que una empresa recién creada debía tener. Con base en el reporte, la Fiscalía inició una segunda indagación.
Murcia, inquieto, quiso detener la investigación de la Superfinanciera y para ello no sólo consultó a varios abogados, sino que se dedicó a mover influencias políticas en el Congreso. "Se ufanaba de que sus influencias llegaban hasta la Casa de Nariño -le dijo a CAMBIO uno de sus allegados-. Pero realmente estaba preocupado".
Como medida de protección al público, la Superfinanciera, en un hecho poco usual, publicó a finales de diciembre tres avisos en El Tiempo, en los que advertía que DMG S.A. no podía captar dinero "bajo ninguna modalidad" y que el que incurriera en captación no autorizada estaba sujeto a sanciones administrativas y penales.
La presión sobre Murcia aumentaba y esto lo llevó a dar un paso en falso en enero de este año. Por medio de cuatro avisos similares y en el mismo diario, respondió a la Superfinanciera y descalificó su competencia para investigar a DMG.
Por ahora, Murcia persiste en su negocio. Periodistas de CAMBIO se comunicaron telefónicamente con la sede de DMG en Bogotá y preguntaron por los servicios que ofrece. Uno de los empleados dijo que la empresa pagaba 5% de interés mensual sobre el dinero depositado, pero en las llamadas a Orito, La Hormiga, Putumayo, y Llorente, Nariño, los empleados ofrecieron rendimientos de entre el 5% y el 50% mensuales.
Las autoridades continúan investigando para establecer si la empresa está incurriendo en lavado de activos, captación masiva y habitual de ahorro del público y enriquecimiento ilícito. "Estamos constatando si este desenvolvimiento patrimonial tiene alguna relación con las actividades ilícitas que caracterizan a las zonas donde se mueve DMG", le dijo a CAMBIO una fuente de la Fiscalía. Sin embargo, un investigador de un organismo de Inteligencia va más allá y asegura que "Murcia no es más que el calanchín de un grupo de 'duros' que operan y dominan en el bajo Putumayo".
CAMBIO se comunicó con los teléfonos de Murcia para conocer su opinión de toda esta historia y sus colaboradores dijeron que devolverían las llamadas. No ha sido así. Hoy, David Murcia es el protagonista de una investigación que, al mejor estilo de la televisión y el cine, mezcla negocios turbios, farándula y belleza.