El atentado contra Rafael Garavito en Bogotá es un caso más de la nueva guerra desatada entre esmeralderos.
El martes 16 de enero, a las 10:30 a.m., dos hombres entraron al café Juan Valdez del Parque de la 93 en Bogotá, se dirigieron a una mesa en la que departían tres personas y dispararon cuatro veces contra una de ellas. La ausencia de policías y vigilantes en la zona facilitó la huida de los sicarios.
Diez minutos después, alertados por los vecinos, cuatro miembros de la Policía se hicieron presentes en la escena del crimen y aun antes de conocer la identidad de la víctima anticiparon que se trataba de un ajuste de cuentas entre esmeralderos. "En estos casos los sicarios son discretos, disparan con armas cortas y huyen a pie para no dejar rastro", le dijo a CAMBIO uno de los investigadores.
Las sospechas se confirmaron tras la captura de uno de los gatilleros cuando intentaba escabullirse por entre el tráfico de la carrera 11. La víctima era Rafael Garavito García, codueño de la mina de esmeraldas La Pita, en Otanche, Boyacá, quien fue trasladado a la Fundación Santa Fe.
El atentado contra Garavito es un episodio más de una guerra silenciosa que desde finales de 2005 libran las familias que durante años han explotado las minas de esmeraldas del occidente de Boyacá contra un grupo de empresarios emergentes, liderado por Yesid Nieto -también accionista de La Pita- que en menos de cinco años se ha apoderado de más del 30% del negocio.
El florero de Llorente
El primer capítulo de este nuevo enfrentamiento que ha tenido como epicentro a Bogotá, sucedió el 20 de diciembre de 2005, cuando unos sicarios asesinaron en una casa del barrio Modelia a Luis Eduardo Contreras, a su esposa Luz Elvira Calderón y a sus dos hijos, Oscar y Edith, propietarios de una empresa de comercialización de esmeraldas. Y aunque en principio los investigadores pensaron que se trataba de un robo, crímenes posteriores les dieron pistas que les permitieron relacionarlos y confirmar la hipótesis de que se había desatado una nueva guerra verde.
Un mes después del crimen de los Contreras, el 27 de enero de 2006, fue asesinado Enrique Mateus Rodríguez, socio de Yesid Nieto, cuando se dirigía a su residencia en la calle 167 con carrera 43, al norte de la ciudad. Este episodio, aseguran conocedores del tema, fue el florero de Llorente que desató la guerra frontal entre dos grupos de esmeralderos. "Las cosas se pusieron tensas y los bandos se dividieron", le dijo a CAMBIO una fuente allegada a los esmeralderos. Mateus era el enlace de Nieto con la familia Rincón, tradicional en el negocio y la primera que aceptó a Nieto como socio de sus minas.
La muerte de Mateus fue el preludio de lo que le esperaba al propio Nieto, quien el 26 de febrero sobrevivió de milagro a un atentado de sicarios que lograron colarse en el edificio donde vivía y le dispararon cuando salía del ascensor. Herido de gravedad, Nieto ingresó al Hospital Militar haciéndose pasar por un herido en accidente de tránsito y fue sometido a una delicada cirugía. Poco después, aún en recuperación, sus escoltas detectaron que una persona que buscaba rematarlo había logrado entrar al hospital. Nieto huyó a la madrugada del domingo 16 de abril y desde entonces se desconoce su paradero.
La noticia sacudió a los esmeralderos del sector de la Avenida Jiménez con carrera 7a, zona tradicional del comercio de esmeraldas, a donde llegaron rumores en el sentido de que habría más muertes como retaliación por el atentado a Nieto. Las amenazas se cumplieron.
El 14 de marzo, Álvaro Muñoz Quiroga, un reconocido comerciante de esmeraldas del sector, fue herido por dos individuos que, además, le robaron un lote de piedras preciosas avaluado en 150 millones de pesos. El 23 de abril, Edison González, esmeraldero relacionado con Nieto, fue asesinado en un restaurante al occidente de Bogotá. El 5 de mayo el turno fue para Luis Alberto Marroquín, comerciante tradicional, asesinado mientras cerraba un negocio en la Avenida Jiménez. El 13 de mayo, sicarios dispararon contra José Alexander Nieto Morales, familiar de Nieto, y el 21 de junio, fueron abaleados los hermanos Ángel y Emilio Novoa Salinas, también vinculados con Nieto, en la calle 26 con carrera 22.
El golpe que precedió al atentado contra Garavito el pasado 16 de enero, sucedió a finales de noviembre cuando José Díaz, vinculado con esmeralderos tradicionales, fue secuestrado cuando estaba en un baño turco de su propiedad en la calle 66 con carrera 11. La versión que circula entre los esmeralderos es que el secuestro lo realizaron hombres de Nieto y que le estarían pidiendo a la familia un millonario rescate.
Para las autoridades no cabe duda de que estos crímenes son el resultado de un nuevo y cruento enfrentamiento entre esmeralderos, hipótesis que confirman personas cercanas a las organizaciones de esmeralderos que pidieron reserva de sus nombres. "El problema empezó cuando Yesid Nieto apareció", le dijeron a CAMBIO. Sin embargo, Víctor Carranza, cabeza del gremio de los esmeralderos, aseguró: "No hay tal guerra y aunque la entrada de Nieto generó algunas rencillas personales con sus socios, el gremio está lejos de nuevos enfrentamientos"( ver recuadro).
Mientras tanto, las autoridades, convencidas del nuevo fuego verde, intentan armar el rompecabezas para dar con los responsables. "La pugna entre los esmeralderos es a todo nivel -asegura el general Daniel Castiblanco, director de la Policía de Bogotá-. Por eso se trasladó a Bogotá donde se mueve la mayoría del negocio".