El futuro de la libertad de prensa en Colombia se juega un capítulo especial en el juicio contra el columnista, demandado por injuria y calumnia.
1. Tras tres años de litigio por una demanda por injuria y calumnia que la familia Araújo interpuso en su contra por una columna que publicó en El Espectador, el delegado de la Procuraduría pidió "fallo absolutorio". ¿Cree que el juez lo tendrá en cuenta?
Hay que esperar hasta el 9 de febrero, cuando el juez David Ernesto Vega dará a conocer la sentencia. Aunque el concepto del delegado del Ministerio Público puede o no ser tenido en cuenta por el juez, se considera un concepto calificado. Además, después de la sentencia, cualquiera de las partes puede apelar.
2. ¿Cómo han sido estos tres años?
Me he sentido como en un mundo kafkiano, como una mosca atrapada en una telaraña. Nunca había estado ante un tribunal; conocía al Estado en teoría, pero desconocía absolutamente la liturgia de los estrados judiciales, su lenguaje, sus reglas; no sabía, por ejemplo, que nuestros jueces usaran toga y menos que a las audiencias asistieran policías. No sé si un periodista ha estado antes en Colombia en un juicio como el mío. Espero que en el futuro no vaya ninguno. Ni siquiera para contarlo.
3. ¿Qué significa este juicio para el futuro del periodismo en Colombia?
Puede sentar jurisprudencia para limitar o conservar el principio de la libre expresión. Si salgo condenado, no solo yo salgo condenado. Será un precedente para juzgar otros casos.
4. ¿Desde los tribunales hay presiones?
Siento que hay una presión para llevar a periodistas a los tribunales. Quizás yo salga de este embrollo y se logre así salvaguardar la libertad de expresión que garantiza la Constitución. Pero creo que existe una estrategia política para llevar a ciertos periodistas a los tribunales. No se trata de una maniobra del juez, por supuesto, sino de una táctica de las conocidas "fuerzas oscuras", a las que se refirió Otto Morales, para silenciar todo gran desacuerdo. Las tutelas y procesos que hay contra Daniel Coronell, Rodrigo Pardo, María Jimena Duzán, Hollman Morris, entre otros, son la prueba de un intento que no les va a resultar.
5. ¿Cree que hay autocensura en los medios, en los periodistas, en los columnistas...?
Como esta línea es tan tenue, tan difícil de definir, el poder político puede utilizar la ambigüedad en contra de la libertad de expresión. Eso sin contar con las presiones de los mismos medios, como ocurrió con Javier Darío Restrepo en El Colombiano, o con Claudia López en El Tiempo. Es otra censura.
6. ¿Y si el juez lo declara culpable?
Si me condena a no volver a escribir o a no publicar sobre los temas de este país, me asfixio, me ahogo... Me sentiría muy golpeado si no pudiera dar a conocer lo que escribo. Hay un país oculto que no es el que muestran las verdades oficiales. Temo más a la inhabilidad para publicar que a la cárcel, aunque finalmente son parecidas.
7. Se ve optimista...
De alguna manera siempre he estado optimista. Nervioso pero muy optimista. No me considero culpable. La crítica que hice en la columna que me llevó al juicio, estaba dirigida a todas las élites regionales de las cuales las de Valledupar y Cartagena son apenas meros ejemplos.
8. ¿A quién criticaba entonces?
La crítica es a un modo de gobernar, se haga de corbata o de zamarros. Lo que la crítica busca no es ofender sino comprender un fenómeno.
9. ¿Se arrepiente de algo de lo que dijo en esa columna?
No, pero cuidaría más las reglas de la sintaxis. Me faltó un punto aparte entre la referencia a los Araújo y la referencia a los notables. No lo puse porque en esos días El Espectador me había condensado todos los puntos aparte para ahorrar espacio. Pero considero que en mi columna no hay injuria y calumnia contra ningún ciudadano específico. Mi crítica, repito, es contra las élites regionales y de ahí el latinajo del et al. del título de la columna.
10. ¿Por eso llevó como testigos a lingüistas, escritores y poetas como Juan Manuel Roca, Pablo García, Adriana Camacho y Alberto Salcedo?
El juicio resultó siendo un asunto de sintaxis, un tema que tiene un peso político importantísimo en nuestro país. Eso quedó claro en el juicio.
¿Quién es Alfredo Molano?
Nacimiento: Bogotá, 1944.
Estudios: Sociología, Universidad Nacional; otros en la École Pratique de Hautes Études, París.
Cargos: escritor, investigador, profesor, columnista de El Espectador.