El ex presidente habla sobre sus contactos con el Polo Democrático y el ex presidente Pastrana en busca de un frente común para frenar un tercer mandato de Uribe.
EL JEFE ÚNICO DEL PARTIDO Liberal explica por qué se opone a la reelección, niega cualquier interés en una fórmula presidencial con el ex magistrado Carlos Gaviria y advierte que una tercera reelección abriría el camino del autoritarismo. Sin embargo, asegura que su oposición a la reelección no es contra Uribe y elogia la eficacia de la estrategia contra las Farc. El ex presidente, además, critica con dureza lo que el llama "desbordado gasto fiscal del Gobierno" y el fracaso del proceso con los paramilitares.
CAMBIO: El presidente del Polo, Carlos Gaviria, y usted coinciden en oponerse a la reelección. ¿Piensan hacer frente común contra Uribe?
CÉSAR GAVIRIA TRUJILLO: Contra el Presidente no. No estamos contra Uribe. El Polo Democrático tiene una posición sobre el Presidente que no es la misma nuestra, pero si él se embarca en la tarea de reformar la Constitución para aspirar de nuevo a la reelección, vamos a hacer un frente común no solo con el Polo sino con otros sectores políticos y no políticos.
¿De ese frente podría hacer parte el Partido Conservador? ¿Habló sobre eso cuando se reunió con el ex presidente Andrés Pastrana?
El Partido Liberal ha propiciado conversaciones con otros sectores políticos para conseguir votos para la reforma política. Cuando nos reunimos con Carlos Gaviria, y cuando lo hicimos con el ex presidente Pastrana, hablamos de los dos temas: reforma política y una nueva reelección. No nos queremos anticipar porque esperamos que el Presidente se defina, pero el mecanismo de la doble vuelta facilita mucho las coaliciones.
En las elecciones en las que ha participado, Uribe barrió en la primera y, según las encuestas, si las elecciones fueran hoy, pasaría lo mismo.
Si el Presidente dice que aspira otra vez, daremos la batalla y no partimos de la base de que vamos a perderla. No todos los sectores uribistas comparten un posible nuevo cambio de la Constitución, ni todos los ciudadanos que simpatizan con el Presidente están de acuerdo con otra reelección. Tenemos buenas posibilidades de ganar tanto en el terreno jurídico como en el político.
¿Cómo ganar en el terreno jurídico?
Para comenzar, el fallo de la Corte Constitucional señaló que la reelección era ajustada a la Carta Política pero dijo expresamente que no podía haber una segunda reelección. Hoy, la segunda reelección es inconstitucional.
¿Carlos Gaviria dijo que usted no aspiraría a ser reelegido si el presidente Uribe lo pone como condición para desistir de un tercer mandato?
El doctor Gaviria preguntó qué pasaría si el Presidente pone como condición para renunciar a un tercer período, que yo no aspire a la reelección y yo le dije: '¿Dónde firmo?'. No contemplo esa posibilidad, no está en mi mente.
¿Qué clase de acuerdo firmaría?
Viene una etapa interesante. El Presidente anunció la conformación de una comisión de alto nivel para que prepare un proyecto de ajuste institucional para presentar el 20 de julio. Creo que es posible que el Gobierno y la oposición hagan acuerdos políticos en esa dirección, siempre y cuando no haya reelección. De lo contrario, los otros temas se volverían secundarios.
¿Cree que Uribe le está apostando a su segunda reelección?
No puedo decir que no tengo dudas, veo señales en el Gobierno de que se está moviendo en ese sentido pero no quiero presumir que tengo ese convencimiento. La recolección de firmas que patrocina La U para convocar a un referendo, es apenas una iniciativa.
¿A espaldas y sin el visto bueno del Presidente?
Es difícil imaginarse que lo estén haciendo sin el visto bueno del Presidente. Y no deja de ser paradójico que uno de los partidos que propuso disolver el Gobierno por el escándalo de la parapolítica, sea el que promueva la reelección.
¿Cuál cree que es el principal riesgo de una nueva reelección?
Que es el camino hacia el autoritarismo y Colombia no es un país de tradición autoritaria. La pérdida de pesos y contrapesos nos inquietan porque existe el peligro de que el Presidente se habitúe al poder y busque no solo una sino varias reelecciones más.
¿A qué atribuye la popularidad del Presidente?
A su estilo, a la gente le gusta. Pero nuestra obligación es señalar las limitaciones que tiene.
Por ejemplo...
Su esquema de Gobierno se basa en su eficacia personal y no en la institucional. Ejerce un liderazgo un poco autoritario y nosotros creemos que una sociedad y un Estado progresan con base en instituciones sólidas y en mejoras políticas. Tenemos un desacuerdo fundamental con respecto a la Corte Suprema y las investigaciones de la parapolítica. Nos preocupa el crecimiento desbordado del gasto público, que es la principal causa de la revaluación; los temas de descentralización, que han sufrido un retroceso significativo. Nos molesta que el Presidente reparta cheques de los subsidios porque eso no le hace bien al Estado. En el pasado, la Procuraduría sancionaba esas prácticas, hoy parece que el modelo se ha abierto paso como algo legítimo.
Los éxitos militares contra las Farc también alimentan la popularidad del Presidente.
Su estrategia contra las Farc cuenta con amplio respaldo ciudadano, porque las Farc no solo se involucraron por completo en el narcotráfico sino porque se han degradado en sus formas de lucha. Lo que el Gobierno ha logrado es significativo, pero al final, si es que efectivamente logramos derrotar a las Farc, va a ser necesario algún tipo de acuerdo. La política ha sido exitosa en el terreno militar pero no en el del intercambio, que habría podido hacerse sin sacrificar la seguridad democrática. Un gran remate del gran esfuerzo del Gobierno sería realizar ese acuerdo.
¿A quién atribuye la responsabilidad de que no haya habido diálogo Gobierno-Farc?
A las Farc, pues nunca las he visto con deseo de hablar por razón distinta al acuerdo humanitario. Sería injusto decir que la culpa es del Gobierno.
Su balance sumario del proceso con las Auc a la luz de las recientes extradiciones...
Tratar de soslayar el tema del narcotráfico en la Ley de Justicia y Paz fue un craso error. Al final, el Gobierno terminó aceptando que esos señores eran jefes del narcotráfico y por eso los extraditó a los Estados Unidos, cosa que respaldamos sin titubeos. Pero es claro que el Gobierno puso sus ideas de paz al servicio del proceso con los paramilitares con una ley que no sirvió.