Entrevista con el ganador del Premio Planeta por el libro 'Nuestro hombre en la DEA'.
CAMBIO. Acaba de ganar el Premio Planeta por el libro Nuestro hombre en la DEA, cuyo protagonista, Baruch Vega, es muy controvertido. ¿Por qué lo escogió?
GERARDO REYES. Porque su vida me permitía hilar muchas historias que conocí cubriendo el tema del narcotráfico. Vega es un tipo que ha trabajado con la CIA, la DEA, el FBI y otras entidades federales de Estados Unidos y en ellas conoce a los otros protagonistas del libro: dos narcotraficantes unidos por la ambición del dinero y por haber perdido trágicamente un ojo cada uno, que montan una empresa de exportación de cocaína llamada Los Cíclopes y se enredan con un príncipe de Arabia Saudita y un financista español.
¿Cuál es la forma más insólita de llevar droga a EE.UU.?
La que describió el periodista Gonzalo Guillén en uno de sus libros, según testimonio de un hombre que trabajaba para el cartel de Cali. Esparcían películas milimétricas de cocaína en una página de un periódico colombiano, luego le superponían otra página con precisión impresionante y finalmente enviaban los diarios sometidos a ese proceso, como si fuera un servicio de suscripción, a varias ciudades de Estados Unidos donde sus corresponsales se encargaban de extraer la droga.
A propósito de Guillén, el presidente Uribe lo llamó calumniador a raíz del escándalo desatado por el libro de Virginia Vallejo, Amando a Pablo, odiando a Escobar. ¿Qué opina?
Me pareció osada y desproporcionada esa acusación con nombre propio. Si el Presidente se siente perseguido por el Nuevo Herald habría sido mejor que utilizara otros mecanismos de protesta, como una carta.
En relación con el Gobierno, ¿cómo ve el papel de los medios de comunicación colombianos?
Me cuesta trabajo juzgar el periodismo colombiano porque no lo sigo día a día, pero es claro que los canales de televisión RCN y Caracol son prouribistas. En cuanto al único medio escrito nacional, El Tiempo, en sus páginas editoriales hay columnistas que le critican todo al Presidente, otros que lo respaldan haga lo que haga y otros que critican cuando se equivoca y lo respaldan cuando acierta.
Desde Miami, donde usted vive, ¿cuál es la percepción del proceso con los paramilitares?
La percepción es que no hay claridad y que el Gobierno improvisa. Pero eso depende del sector. Medios de comunicación y las ONG cuestionan la relación que existe entre el Presidente y los congresistas investigados por la parapolítica. Son inquietudes que comienzan a sentirse en Washington, porque hasta ahora la Casa Blanca ha sido muy tolerante con Uribe, que es su hombre en América Latina.
William Wood, el anterior Embajador en Bogotá, dijo que las cosas para Uribe podrían complicarse si Jorge Noguera acababa implicado por nexos con paramilitares...
A Uribe le están explotando bombas a su alrededor y le han caído esquirlas, pero no hay nada contundente que pueda cuestionar su credibilidad. Como hasta ahora no se le ha demostrado un vínculo directo con los paramilitares, pues Estados Unidos no ha comenzado a ejercer presión.
¿Qué cree que puede pasar con Uribe si los demócratas ganan la Presidencia?
Van a ser más exigentes, aunque no presionen directamente.
¿Hasta dónde cree que va a llegar el escándalo de la parapolítica?
Confío en el trabajo de la Corte Suprema. Creo que si hay impunidad será a un precio muy alto.
¿Tiene sentido combatir el narcotráfico como lo hacen Colombia y EE.UU.?
En los últimos nueve años, los estadounidenses gastaron 42.000 millones de dólares en la compra de cocaína, suma que supera las ventas de Coca Cola y Microsoft. Sin embargo, la drogadicción no es un problema que ocupe los primeros lugares en la agenda de los candidatos a la Presidencia, porque hay la sensación de que el problema está bajo control. Por eso las soluciones creativas, las salidas prácticas, el debate de la legalización, no tienen ambiente. La guerra contra las drogas es sin sentido en la medida en que produce más muertos de los que evita.
¿Dónde es mejor escribir sobre el país, aquí o en el exterior?
Serrat canta que "de lejos dicen que se ve más claro". A los reporteros locales les parece que los corresponsales nos perdemos muchos matices del país que cubrimos, pero también es cierto que la distancia nos da perspectiva y la posibilidad de encontrar historias que se pierden en medio de la abrumadora actualidad colombiana.
¿QUIÉN ES?
Nacimiento: Cúcuta, 1958.
Estado civil: casado, un hijo.
Estudios: Derecho en la Universidad Santo Tomás.
Cargos: reportero de investigación para América Latina del Nuevo Herald, asesor editorial de Semana, Gatopardo y Poder, reportero de la Unidad Investigativa de El Tiempo.
Premios: Premio Planeta 2007 por Nuestro Hombre en la DEA, Premio Pulitzer 1999 por la mejor investigación periodística, Premio María Moors Cabot 2004 de la Universidad de Columbia.
Pasatiempos: tenis, viajar y oír, coleccionar y bailar salsa y son cubano.