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CAMBIO: ¿Por qué usted y María Jimena Duzán decidieron hacer parte del proceso contra al jefe paramilitar Ramón Isaza? ¿Temen amenazas en su contra, como las que han sufrido otras víctimas?
SALOMÓN KALMANOVITZ: Yo como ex esposo y María Jimena como hermana de Silvia Duzán (asesinada por paramilitares el 26 de febrero de 1990 en Cimitarra, Santander) entendemos que no va a haber justicia plena, pero esperamos que en este absurdo y catastrófico caso haya algo de justicia y reparación. Nos sentimos llamados a hacerle frente a la intimidación contra las víctimas que comenzó en serio con el asesinato de Yolanda Izquierdo, representante de un grupo de campesinos despojados de sus tierras en Córdoba. En cuanto a las amenazas, María Jimena y yo tenemos una ventaja: somos más visibles. Esperamos que eso nos sirva de protección.
¿Qué opina sobre las manifestaciones de apoyo que seguidores de los paramilitares han hecho como preámbulo a las versiones libres de sus jefes?
Me parecen repugnantes y hasta ridículo, los crímenes atroces no pueden ser motivo de aplauso. Eso debería ser contraproducente para los desmovilizados jefes paramilitares, porque la mayoría de la gente piensa que no es posible respaldar de esa forma a quienes han cometido tantos crímenes.
¿Cree en la voluntad de paz de los jefes paramilitares ?
Creo que están ante una disyuntiva que los ha obligado a tomar el camino de la negociación. Lo otro sería exponerse a la extradición. En Estados Unidos la Justicia es más severa y las condenas, en muchos casos, son a perpetuidad. Lo que están haciendo es una buena transacción para ellos.
Pero en Estados Unidos lo único que les interesa de verdad es el narcotráfico, no los muertos colombianos.
En todo caso, la diferencia es muy grande. Si negocian, la Justicia de los Estados Unidos los va a exprimir, pues en términos de bienes va a ser mucho más rigurosa. En materia de reparación aquí soy muy pesimista. Hemos visto mucha desidia y laxitud con las fortunas de los jefes paramilitares.