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Usted jugó un papel fundamental en la reforma laboral del primer gobierno de Uribe ¿Cree que fracasó?
No, para nada. La pregunta que hay que hacer es: ¿cuál sería el nivel del desempleo si no hubiera sido aprobada esa reforma? Entre 2002 y 2006 fueron creados 1.600.000 empleos formales, con seguridad social, y eso se evidencia en la disminución de la pobreza.
A propósito de ese tema, es paradójico que en el país los ricos sean cada vez más ricos, pero la pobreza no disminuya en esa misma proporción.
El problema de una sociedad no es que haya ricos sino que haya tanto pobre. En Colombia la brecha social ha mejorado un poco, pero es cierto que sigue habiendo una disparidad muy alta que sólo lograremos superar con la educación. La educación es la mejor fórmula para salir de la pobreza. Y no solamente la educación universitaria sino la técnica, la tecnológica y la no formal.
¿Qué opinión le merece el que cada día haya en Colombia más extranjeros como dueños de algunas de las empresas insignias del país?
En un mundo globalizado, cuando se habla de inversión, toca mirar en dos vías. Es muy bueno que el capital extranjero tenga confianza en Colombia y por eso ha llegado con tanta fuerza en los últimos años, pero también son muchas las empresas colombianas que han hecho negocios en el exterior. Empresas como Cementos Argos, la Nacional de Chocolates o ISA invirtieron fuera del país 1.100 millones de dólares el año pasado.
¿En esa tónica, el de Álvaro Uribe es un gobierno privatizador?
No. Es un Gobierno que tiene claro que el papel del Estado es el de promotor de la iniciativa privada y que trabaja incansablemente en la búsqueda de la igualdad social y la reducción de la pobreza.
Cuando usted se posesionó advirtió que iba a ser un ministro capaz de decirle no al Presidente, ¿ya le ha dicho no por algo?
Sí, en varias oportunidades ya le he dicho que no, pero con argumentos. Le he dicho, por ejemplo, que tiene que mirar con otra visión temas de infraestructura o de la tasa de cambio.