Al cierre Rodrigo Pardo

03/06/09

Sin TLC y con base militar

Las negociaciones con Estados Unidos para trasladar la base de Manta necesitan más explicación, publicidad y estrategia.


Cuando el río suena lleva piedras, y aunque el Ministerio de Defensa ha repetido que Colombia y Estados Unidos no están negociando la instalación de una base militar en el país, muchos indicios hacen pensar lo contrario. El último es un informe de Sergio Gómez, corresponsal de El Tiempo en Washington, según el cual Estados Unidos está cada vez más interesado en la base de Palanquero en Puerto Salgar (Cundinamarca), para utilizarla en el marco de una estrategia global “para operaciones antinarcóticos y como punto para ejecutar operaciones de movilidad”. La cita fue sacada de un documento de 35 páginas de la Fuerza Aérea —Estrategia Global en Ruta— al que se accede en la página on line del diario.

 

Hace más de un año, CAMBIO publicó un informe de portada que revelaba que los dos gobiernos estaban considerando a la base de Palanquero como alternativa para trasladar allí al personal y los equipos que desde hace 10 años están en Manta (Ecuador), y que, por decisión del presidente Rafael Correa, deberán salir en septiembre.

 

La mención de Palanquero en el documento de la Fuerza Aérea no necesariamente confirma que la base de Manta será traída a Colombia. Puede ser una iniciativa diferente y con connotaciones no permanentes, que se limite a la disponibilidad de la infraestructura en una eventualidad particular y que no implique la permanencia de tropas. Y no descarto que el reiterado desmentido del Gobierno de las versiones sobre la instalación de una base se deba a que no hay todavía nada concreto. Es un hecho que los dos gobiernos han revisado los acuerdos vigentes en materia de cooperación para determinar si permiten la expansión de operaciones militares y reemplazar algunas de las que se vienen haciendo desde Ecuador pero, según el informe de El Tiempo, las negociaciones no han terminado.

 

Aún así, la hipótesis de una mayor presencia militar estadounidense suscita muchas reflexiones y preguntas. Con la llegada de Obama y el consiguiente distanciamiento con el gobierno Uribe, el Plan Colombia seguramente será reexaminado y es probable que los montos disminuyan y cambie la composición en detrimento de los temas militares. ¿Por qué hay plata ahora? ¿Por qué encontrarle un sustituto a Manta es tan importante para Estados Unidos?

 

No se debería asumir a priori y sin análisis que una mayor cooperación militar es negativa para el país. Pero, ¿en qué consistirá? ¿Aumentará el número de militares activos extranjeros en el país? ¿Se modificará en el Congreso de Estados Unidos el límite de 400 que impuso para el Plan Colombia? También se ha dicho que, más que instalar una base nueva o ampliar una vieja, Estados Unidos podría utilizar varias instalaciones militares, fundamentalmente para las tareas antinarcóticos. ¿Se compartirá la información? ¿Por cuánto tiempo?  ¿Qué tipo de relaciones habrá con las Fuerzas Armadas nacionales? ¿Qué explicación les darán a los nerviosos y sensibles vecinos, Rafael Correa y Hugo Chávez?

 

También llama la atención la incoherencia de Estados Unidos en relación con el tema de derechos humanos. La propia base de Palanquero estuvo sancionada porque un bombardeo de la Fuerza Aérea causó la muerte a un grupo de civiles. Y en la aprobación del TLC en el Congreso ha salido a flote la crítica de los demócratas por los asesinatos y atentados contra líderes sindicalistas. ¿Se olvidarían todas estas molestias en aras de reparar en Colombia la pérdida de Manta en Ecuador?

 

Si el interés de Washington en las instalaciones  militares colombianas es tan grande, el Gobierno de Uribe tiene una valiosa carta de negociación en sus manos. Pero resulta que justo ahora, según otra información de Sergio Gómez publicada el martes, el TLC “se enfrió” y es probable que se aplace para el año que viene. Sube la base y baja el Tratado. Estados Unidos se queda con la sartén por el mango. 

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