Desde cuando Santa Fe conformó una nómina seria para buscar el título, la gran obsesión del comentarista Carlos Antonio Vélez fue destruirlo; y está que lo logra.
En enero, por burla o convicción, se inventó el término 'Ferrari' para designar a la máquina 'Cardenal' 2008 y así meterle una presión inusual; luego, a manera de persecución –que viene desde el tuétano manizaleño– se ensañó con el técnico Fernando "el Pecoso" Castro; y, por último, tras bambalinas, hizo eco del rumor del aterrizaje de Hernán 'el Bolillo' Gómez en el club, jugada con la que aceleró la crisis del rojo. La semana pasada, tras el anuncio de la llegada de Óscar Quintabani a Millonarios –a dos meses de debutar con el azul–, insinuó que todo sería un fracaso.
Por favor, ¿hasta cuándo? Vélez lleva más de tres décadas alimentándose del fútbol capitalino y ya no hay duda alguna de que es poco amigo de los equipos de la ciudad que lo sostiene. Su strip-tease ha dejado ver que sus odios e intereses –que se mueven entre lo laboral y lo personal– están muy por encima de lo puramente informativo. Sofista, incendiario y prepotente, basó su escuela –tristemente imitada por otros– en enfrentar a los hinchas con sus equipos. En semejante país de violencia, su voz arrebatada alimentó el odio y el rencor. Enemigo de cualquier intento de hacer más digna la profesión del futbolista, se convirtió en hiriente crítico del jugador y luego en manoseador del hincha raso. Por fuerza del 'rating', Vélez sólo fue capaz de construir un periodismo arrogante y moralista. Por insoportable y dudoso, es imposible volverlo a ver o a escuchar. Cancelado para siempre.