Ay País Hector Rincon

19/11/08

Los guiños de Uribe

El Presidente, distante y lánguido como se ha vuelto, debería tomar un último aire porque todavía le quedan 20 meses de mandato.

Lo que pasa es que estamos esperando una afirmación vehemente que le ponga fin a la ambigüedad que hasta ahora ha tenido, lo que pasa es eso y entonces no nos hemos dado cuenta de que el presidente Uribe hace ya varias semanas ha mandado señales de hastío que parecen decir que está de salida.

Creo yo. Son gestos de un extraño desgano en alguien impetuoso; un ser frío y ausente, un Uribe lánguido y lacónico es el que ahora gobierna y digo que si no ha empleado la palabra para decir de su hartazgo y para proclamar que no va más, es porque sabe que de decirlo lo que sigue es que la tribuna entera le dé la espalda y los políticos que hoy aún le prenden velones empiecen a verlo y a tratarlo como a un mueble viejo, que es como se trata a los ex presidentes.

Hay razones para este Uribe mustio, qué duda cabe. Las últimas han sido las semanas más frustrantes de su ya cansado gobierno: nada le funciona en el Congreso; la credibilidad de la seguridad democrática se fue de bruces por los falsos positivos; los indios le insultaron; las pirámides se le derrumbaron y le sobrevino la crisis financiera mundial y el desborde de la inflación y nada que le cedió el desempleo. Ante tantos tropiezos ha surgido un Uribe casi melancólico y de reacciones tardías. Nada anormal que un presidente colombiano tenga la chispa atrasada, todos la han tenido. Pero no Uribe quien ante el menor asomo de una anormalidad en cualquier parte, saltaba raudo: a las siete de la mañana estaba en el pueblo perturbado la noche anterior; a las diez se hacía presente en el derrumbe y a las cinco de la tarde estaba llevando voz de aliento a los arrasados por la corriente.

Esas reacciones automáticas que le dieron el reconocimiento de un presidente activo y nacional, son ahora recuerdo: por Venadillo y Anzoátegui no se apareció y al alud de El Poblado dijo que iría tres días después cuando ya para qué; estuvo un momento por lados del Machín, pero ha llegado, incluso, a cancelar de tajo tres eventos en un solo día como ocurrió la semana pasada en Medellín.

No creo que esas presencias instantáneas, marcadas por algo cercano a la ubicuidad, fueran algo más que maneras de marcar la diferencia con sus antecesores anclados en Bogotá. Con ellas Uribe conquistó a la opinión que empezó a percibirlo como un mandatario unido a los dolores y los problemas de la gente por un cordón umbilical invisible pero grueso. Por esa costumbre creada es que oía a un campesino de Venadillo llorar la pérdida de todo lo que tenía y pedir ante la cámara que por favor el presidente Uribe se hiciera presente para que le solucionara su problema.

Se pudiera –se puede– decir que el presidente Uribe está exhausto, que está agobiado, que está deprimido. Se pudiera decir. Y se comprende que ante el desmorone del régimen que creó haya perdido ímpetus. Y eso es grave. No por la razón que están proclamando sus amigos militaristas que lo ven inusitadamente blandito por haber propiciado el descabezamiento de militares asesinos. No por eso. Es grave porque al presidente Uribe le quedan más de veinte meses de mandato y requiere de un último aire urgente para que todo lo bueno que ha hecho –que lo ha hecho–no se diluya y terminemos todos los colombianos, sus partidarios y sus adversarios, con la idea de haber perdido ocho años en los cuales más que nunca se invirtieron ilusiones y esperanzas.

Ante los gestos marchitos que se notan en el Presidente y en el Gobierno y ante todo lo que le falta para consolidar su trabajo, tal vez se requiera refrescar sus cercanías. Hay en su entorno mucho funcionario gastado por el uso y por el desprestigio que no aguanta el repecho que falta. Y al propio Uribe le caería bien un periodo de vacaciones verdaderas no las a medias que ha tomado. Un desconecte de todo hábito, vacas y terneros y caballos incluidos. Un aislamiento que lo vuelve a conectar, impetuoso, a esta realidad brutal e inasible que le está tocando.

Publicidad