Más que un derecho a expresar libremente sus ideas, he considerado siempre que es un deber del columnista de opinión anunciar sus preferencias cuando se aproxima un debate electoral. No se trata solamente de que los lectores tengan en cuenta –para acoger o rechazar– los planteamientos de quien escribe, sino –quizás más importante– que el columnista juegue con sus cartas destapadas y su público sepa a las claras a quiénes prefiere entre los distintos candidatos. Cumplo con este deber 10 días antes de las elecciones regionales del 28 de octubre, como lo he hecho desde hace más una década, cuando comencé a escribir columnas.
Comienzo por Bogotá, donde resido y estoy inscrito para votar. Para la Alcaldía, lo haré por Enrique Peñalosa a quien considero muchísimo mejor preparado que su contendor. Y no sólo por su visión urbanística y su capacidad de ejecutar obras vitales y transformadoras. También por el trabajo social en su mandato de 1998 a 2001: más de 40 colegios públicos de excelente calidad, espectaculares bibliotecas para el sur y el occidente más pobres, cientos de miles de refrigerios escolares para evitar la deserción de los pequeños, y mucho más. La capital comenzó a renacer gracias a Peñalosa y hoy es ejemplo emulado por otras urbes del planeta. Hay mucho por hacer y no creo que el indicado para ello sea Samuel Moreno.
Un buen alcalde necesita un buen Concejo. Votaré por un candidato casi desconocido para la gente pero lleno de experiencia en temas de seguridad, punto siempre crítico. Se trata de Alejandro Vargas –¡no es pariente!–, 29 en la lista de La U. Ha hecho una campaña sin vallas ni pancartas que tanto ensucian las calles. Carece de cacique que lo apoye y por eso se ha dedicado a caminar, a hablar con miles de personas y a punta de propuestas estructuradas se ganó un puesto en la lista de La U por el sistema “Postúlate”.
Hay otros nombres interesantes. En la lista de Cambio Radical y con el número 14, está Juan Manuel Durán, con propuestas interesantes sobre seguridad, transporte y educación. En la lista del Partido Liberal hay dos estrellas del peñalosismo puro: Gilma Jiménez y Lariza Pizano, números 1 y 7 respectivamente.
Si viviera en Medellín, no dudaría en votar por Alonso Salazar, evidente continuador de la obra revolucionaria de Sergio Fajardo, enfrentado a los caciques del liberalismo y de buena parte del uribismo que quieren reelegir a Luis Pérez, como si algunas de las actuaciones de este personaje en su anterior Alcaldía pudiesen ser olvidadas. Salazar reúne conocimiento, experiencia y visión para seguir adelante con la gestión que bajó dramáticamente la tasa de homicidios y rescató barrios sumidos en la violencia a punta de colegios, bibliotecas y parques, todo ello con eficiencia y transparencia excepcionales en el uso de los fondos públicos.
Barranquilla es una de las ciudades más necesitadas de un buen alcalde, alguien que sea capaz de gerenciar su renacer comercial e industrial tras décadas de depresión, y más de 15 años en manos de caciques corruptos y de populistas igualmente sucios. Se trata de Alex Char, experimentado empresario y quien como Gobernador del Atlántico hizo en el departamento, en apenas año y medio, lo que muchos habían sido incapaces de hacer en un cuarto de siglo. Su programa incluye un audaz plan de inversión social en el gigantesco cordón marginado de la ciudad, basado tanto en obras como en educación. El amplio favoritismo que lleva en las encuestas –triplica al segundo– es prueba de que su mensaje les ha llegado a los electores.
A Cali le sucede algo similar. Los abusos y negociados de una aristocracia indolente han llevado a los caleños a elegir en varias ocasiones a opciones populistas, a candidatos sin experiencia, aventuras que han salido inevitablemente mal. Muy mal. Por eso, la seriedad de Kiko Lloreda, su perfil diferenciado de algunos de sus familiares negociantes y sus conocimientos, lo recomiendan para el cargo. Con Peñalosa, Salazar, Char y Lloreda, los votantes van sobre seguro.