El rompecabezas de Obama

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Tradicionalmente, el Estado de la Unión, el reporte anual que hace el presidente de Estados Unidos ante el Congreso, es también la ocasión para que el líder del Ejecutivo presente su programa para el año próximo. Pero para Barack Obama, que este año enfrentó la primera comparecencia de este tipo en su administración, la ocasión revestía una urgencia particular luego de la derrota que le propinara, el 19 de enero, el republicano Scott Brown, quien ganó en Massachussets la banca que ocupó durante casi medio siglo el fallecido Edward Kennedy.

El triunfo republicano representa un durísimo castigo del electorado al partido de gobierno y deja a los demócratas sin la mayoría calificada que detentaban en el Senado, lo que les permitía evitar una obstrucción legislativa por parte de la oposición. La debacle electoral se suma a una caída en las encuestas de la popularidad del Presidente, que se encuentra en un 50 por ciento.

El desenlace de Massachussets pone en el limbo el ambicioso proyecto de reforma del sistema de salud impulsado por Obama, quien el viernes reaccionó afirmando que continuará 'luchando' para mejorar las condiciones de vida de los estadounidenses que tienen dificultades para pagar sus cuentas en este período de crisis económica.

Precisamente a ellos se atribuye la 'cuenta de cobro' de Massachussets y por eso, en una reunión con su 'fuerza de choque para la clase media', este lunes en la Casa Blanca, Obama detalló una serie de medidas destinadas a aliviar la carga de las familias con niños, estudiantes o ancianos a cargo. Entre ellas figura un aumento de las reducciones fiscales para la custodia de niños y para los jubilados, un límite máximo para los reembolsos de préstamos estudiantiles y un incremento de los subsidios para las familias que tienen ancianos a su cargo. Obama, que confió la dirección de su 'fuerza de choque' al vicepresidente Joe Biden, ha adoptado un aire populista para recuperar el favor del público. Por eso los pronósticos apuntaban a un discurso del Estado de la Unión con un tono más cercano al de la campaña que al del primer año de gobierno, con compromisos específicos de crear nuevos empleos, enfrentar el déficit fiscal, cambiar la cultura de Washington y "luchar por la clase media".

Así lo anticipó, el domingo, el asesor político David Axelrod, que declaró a CNN que a la Casa Blanca "no le sirve de consuelo" que el programa de estímulo aprobado el año pasado haya salvado dos millones de puestos de trabajo, dados los millones de puestos que se han perdido debido a la peor crisis económica en varias décadas.

Por eso el mandatario estadounidense prometió hacer cuanto esté en su mano para atajar el desempleo, que ronda el 10 por ciento y que consideró el gran problema de los estadounidenses. Como quedó claro tras el triste primer aniversario de su llegada a la Casa Blanca, Obama y sus asesores parecen haber llegado a la conclusión de que, más allá de las victorias en Irak y Afganistán y lejos de los escenarios internacionales en los que el mandatario ha cosechado tantos aplausos, lo mejor que puede hacer el Gobierno es centrarse en lo que de verdad le mueve al estadounidense medio: el bolsillo.