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Lo previsible era que ante la magnitud de la tragedia y la destrucción tanto de la infraestructura de las sedes de los organismos de socorro como las pérdidas en vidas, brotaran el caos, los saqueos y la violencia por la incapacidad de hacerle llegar ayuda rápida y efectiva a los miles de damnificados del sismo que el pasado 12 de enero dejó en ruinas a Haití.
Lo que no parecía tan evidente era que los países que se lanzaron a ayudar entraran en una especie de guerra de celos y de resquemores ante la monumental y quizás inesperada reacción de Estados Unidos, que se volcó financiera y militarmente en las labores humanitarias quitándoles protagonismo a naciones con lazos tan estrechos como Francia, que durante años explotó la riqueza de la que fue considerada una de las colonias sobre el Caribe más ricas de siglos pasados.
El anuncio del envío de 10 mil soldados para cumplir labores humanitarias; la toma de control del aeropuerto de Puerto Príncipe, centros de salud y lugares de acopio y distribución de ayudas; la habilitación de nuevas pistas de aterrizaje, y la ayuda en las labores de adecuación del puerto levantaron las protestas de algunos países que vieron en tan vigorosa reacción una forma de 'agresión'.
Quien inició la salmodia fue Nicaragua, cuyo gobierno dijo que la presencia de militares estadounidenses era una intervención militar: "Se está manipulando un drama para instalar tropas norteamericanas en Haití, que ya han ido tomando el control militar del aeropuerto en Puerto Príncipe y esto es preocupante", dijo el presidente Daniel Ortega.
Reparos a Estados Unidos
Como se esperaba, siguió la retahíla de Venezuela, cuyo presidente, Hugo Chávez, dijo: "Quieren sacar provecho de esta tragedia para ocupar militarmente a Haití". Y luego, como recitando un libreto, habló el gobierno del boliviano Evo Morales: "Nuestra preocupación es por esta intervención militar norteamericana, hay tropa militar que no hace trabajo de ayuda, que no salva vidas, que no levanta los escombros, que no levanta cadáveres (...) están aprovechando una desgracia terrible del pueblo hermano para sentar presencia militar permanente", dijo el vicepresidente Álvaro García.
Eso sin contar la versión a la que dieron crédito los medios de comunicación oficialistas o afectos al chavismo, que se refiere a que el terremoto se produjo debido a la operación de una poderosa arma estadounidense.
Era entendible, e incluso previsible, que estos tres países miembros del Alba no se resignaran a soportar el protagonismo de Washington. Pero sorprendieron las palabras del secretario francés de cooperación, Alain Joyandet: "Espero que se precisen las cosas sobre el papel de Estados Unidos". "Se trata de ayudar a Haití, no de ocupar a Haití". Esto, antes de que la Presidencia francesa bajara el tono y dijera que están trabajando en "coordinación y cooperación con Washington".
La sugerencia de Obama de una troika Estados Unidos-Canadá-Brasil para dirigir los esfuerzos de cooperación de los donantes provocó la sensibilidad de Francia, que, no obstante, dijo no sentirse afectada por no ser incluida.
Al ser interrogado por la cadena de televisión Canal Plus, el secretario de Estado francés para Asuntos Europeos, Pierre Lellouche, sobre el aparente olvido de Obama de asociar a estos esfuerzos al presidente francés Nicolas Sarkozy, a Francia, a Europa, respondió: "Tiene esa tendencia (...), no estoy bromeando. Creo que lo peor es tratar de enfrentar a unos contra otros. Debemos trabajar todos juntos".
Pero los analistas apelan al realismo: "Objetivamente, no hay otro actor estatal que pueda asumir un desafío tal que Estados Unidos", estimó Raúl Bernal Meza, profesor de la Universidad Nacional del Centro en Argentina, en diálogo con AFP.
"Las dimensiones de lo que se necesita, para poner orden y asegurar la salvaguardia de vidas y los pocos bienes que aún quedan, creo que exceden la capacidad de mando unificado de cualquier otro país o de la propia ONU", sentenció Meza.
Y salvo por estos países, el gesto del gobierno de Barack Obama ha sido valorado por otros, incluyendo organismos humanitarios, a pesar de algunas críticas porque a menudo no autoriza el aterrizaje de algunos aviones con ayuda urgente, que tienen que ser desviados a República Dominicana.
Más allá de eso, no se esperaba que un país en crisis económica, con dos frentes de guerra abiertos y con el riesgo de un tercero en Yemen emprendiera tamaña movilización.
Incluso, para las cuentas internas, una encuesta de ABC News indicó que el 80 por ciento de los estadounidenses ven con buenos ojos los esfuerzos de Obama hacia Haití. Es más, los más optimistas creen que este es el empujón que necesitaba para salir del 46 por ciento de popularidad y ponerse por encima del 50.