Silvio Berlusconi lo presentía. Poco antes de participar el domingo en un multitudinario acto del gobernante partido del Pueblo de la Libertad (PDL), le comentó a su portavoz, Paolo Banaiuti, que algo le podría pasar: "Paolo, ¿no sientes la tensión?, qué clima de violencia, qué espiral de odio nos rodea. ¿No piensas que puede pasar algo?". Sus palabras se convirtieron en un mazazo del destino porque a la salida del acto, cuando saludaba a sus seguidores y firmaba autógrafos, sintió el brutal golpe de una réplica de la catedral gótica de Milán lanzada por Massino Tartaglia, un hombre con 10 años de problemas mentales que luego confesó que no había premeditado el acto, pero que cuando vio a 'Il Cavaliere', sintió un odio incontenible y lo agredió. "Actué en solitario, no soy el asesino de nadie", dijo, según fuentes penitenciarias.
El hombre, de 42 años, admitió ante un fiscal que había actuado por una fuerte aversión hacia las políticas del partido de Berlusconi. También explicó que asistió al mitin, pero se retiró antes de su fin por no estar de acuerdo con lo que se dijo en él. Pero cuando se dirigía a la boca del metro del Duomo de Milán, vio a un grupo de personas que rodeaban al político, y ahí tomó la decisión de acercarse y lanzarle el 'souvenir'. Un primer ministro hospitalizado y en observación, con cortes en el rostro y los labios, con el tabique nasal fracturado y con dos dientes menos dejó la acción del hombre que fue recluido en la cárcel de San Vittore.
El odio, por eso, es la palabra clave de los últimos días en Italia, que sufre una creciente tensión por la apertura de un juicio por corrupción a Berlusconi, por sus escándalos de cama, y las acusaciones de un mafioso arrepentido que lo sindica de complicidad con la Cosa Nostra. Berlusconi responde que es víctima de un 'complot' de la izquierda, ataca a los jueces que considera están 'politizados' y acusa a la prensa de sembrar "odio, calumnias, mentiras y envidias".
Pero no ha parado ahí. Ahora amenaza con cambiar la Constitución y critica el papel del Presidente de la República y de la Corte Constitucional. El impacto del ataque a Berlusconi hizo que decenas de personas se volcaran a las redes sociales, en especial Facebook, para apoyar o criticar al jefe de Gobierno. Tanto que en unos califican a Tartaglia cono un "héroe moderno". Ya en octubre, las autoridades habían intentado cerrar el grupo 'Matemos a Berlusconi'. "El filme dramático de la plaza de la catedral (de Milán donde se produjo la agresión) demuestra la degradación del clima político en Italia (...) Amigos y adversarios, partidarios y oposición deben ser solidarios (con Berlusconi), como lo somos nosotros (...) Lo que está en juego es nada menos que la libertad", escribió el diario de izquierda La Repubblica.
El Corriere della Sera (un periódico de centro) destacó el "clima envenenado" y, en un editorial, afirma: "El odio político es un monstruo que, una vez desencadenado, es muy difícil domar". "Violencia constitucional" tituló, por su parte, Il Giornale (derecha), el diario de la familia Berlusconi, que acusó a 'algunos' líderes políticos de ser los "autores morales" del gesto violento, en una alusión al ex juez anticorrupción Antonio Di Pietro, actual líder del partido de oposición Italia de los Valores y enemigo histórico del magnate de las comunicaciones. Di Pietro, protagonista de las recientes protestas contra el hombre más rico de Italia, dijo poco después de la agresión que " 'Il Cavaliere' instiga a la violencia con su comportamiento".
Aunque todos los representantes de la oposición declararon su solidaridad a Berlusconi, también desataron polémica las declaraciones de Rosy Bindi, presidenta del primer grupo opositor, el Partido Demócrata (PD), quien consideró que Berlusconi y su gobierno "se tienen que sentir responsables" del supuesto clima de odio. "Berlusconi es víctima del gesto aislado de una persona psicológicamente frágil y es evidente que no existe algún instigador. Si se quiere hacer una honesta reflexión sobre el clima político, todos se tienen que sentir responsables, incluidos el presidente del Gobierno y su mayoría", dijo Bindi. Ahora, lo esperable es que tanto opositores como gobiernistas intenten utilizar este episodio políticamente a su favor o que, al menos, intenten bajar el clima de tensión, como lo dijo el presidente Giorgio Napolitano.
"Es necesario parar la exasperación peligrosa de la política italiana (...) Tenemos que impedir que renazcan formas de violencia que Italia en un pasado no muy lejano ya ha conocido y ha pagado duramente", dijo, y añadió: "En un momento como este no tiene sentido que unos echen la culpa a los otros del clima (de tensión) que se ha creado".
Fallas en la seguridad: debate
El interrogante que se planteaban los medios de comunicación es cómo un hombre logra llegar tan cerca del primer ministro Silvo Berlusconi con un objeto contundente sin que los servicios de seguridad lo hubieran detectado. ¿Y si hubiera sido una pistola? Según el diario Corriere della Sera, 20 son los hombres que cuidan la vida de 'Il Cavaliere', y se despliegan por anillos a su alrededor. El más cercano falló, incluso después de la agresión, porque el auto no partió de inmediato con el herido. Y hay una crítica más: su sistema de seguridad rara vez ha sido modificado, entre otras razones porque muchos de sus hombres de seguridad están con él desde que era un empresario.